Líderes vecinales por falta de participación

  • La ausencia de savia nueva hace que los presidentes de algunas asociaciones de vecinos renueven su cargo por décadas

"Los ciudadanos no se comprometen con nada, no quieren responsabilidades, pero protestan si no le resuelves los problemas". Con esta afirmación, los presidentes de asociaciones de vecinos encuestados por este periódico evidencian una situación que es palpable en el día a día, no sólo en estos colectivos sino en todas las organizaciones sociales, ya sean asociaciones de madres y padres, culturales u organizaciones no gubernamentales, por citar algunas. Y es que el ritmo de vida que en general llevan los ciudadanos hace que cada vez más los problemas globales interesen menos y que otros, como llegar a final de mes, pagar la hipoteca y educar a los hijos, absorban por completo el tiempo del que se dispone. Esta circunstancia se une, además, al hecho de que estar al frente de un colectivo supone asumir una responsabilidad extra que no todos los ciudadanos están dispuestos a tener, sobre todo cuando "este trabajo no está remunerado ni tampoco agradecido la mayoría de las veces", afirma el presidente del colectivo de residentes Amanecer de Fátima, Jesús Espejo, quien lleva seis años en el cargo.

Por este motivo, muchas asociaciones de vecinos perpetúan en sus juntas directivas a presidentes que llevan décadas de intensa y constante lucha a sus espaldas y cuyos miembros tienen una media de edad que ronda los 55 años. La falta de implicación de las nuevas generaciones en este tipo de colectivos hace pensar que "si no se engancha a la gente" éstos pueden tener un futuro incierto. Sin embargo, los cabezas visibles actuales son optimistas y apuntan que "siempre habrá alguien que se decida a comprometerse, sobre todo cuando surja un problema", señala el portavoz de Huerto de San Rafael, Rafael Fresno. La principal razón de esta situación radica en que para ser representante de un colectivo vecinal hay que "estar dispuesto a quitarle tiempo a tu familia para dedicárselo a los vecinos y compaginar las responsabilidades laborales con las vecinales", algo a lo que "pocos están dispuestos", asegura el presidente de la Asociación Nueva Ciudad Jardín, Luis Beltrán, quien lleva cinco años en el cargo.

Sin embargo, estas organizaciones se llevan de vida, que no de savia nueva, cuando hay un problema en el barrio, apunta el ex presidente de la Asociación de Vecinos Valdeolleros Rafael Arrabal, quien se retiró de la primera fila hace un mes por enfermedad y tras una década en el cargo. Ante un problema puntal, asegura, como puede ser el botellón y la movida juvenil, la colocación de una antena de telefonía móvil, la quema de contenedores o una decisión impopular de cualquiera de las administraciones, los vecinos buscan la asociación de su barrio y reclaman a la misma que ponga en marcha los mecanismos de protesta. Tanto es así que muchas asociaciones han surgido tras un tema concreto y han desaparecido o se han aletargado tras solucionarse.

En este caso, los residentes de una zona se unen en torno al colectivo que durante meses atrás han obviado, lo que provoca "la frustración" de los líderes vecinales que diariamente encabezan luchas infértiles y quienes necesitan en muchas ocasiones y, "para seguir adelante, el aliento de las personas por las que trabajamos", afirma la presidenta de la Asociación Parque de las Avenidas, Carmen López, quien decidió dar un paso adelante para que este colectivo no desapareciera tras la marcha de su anterior presidente, Antonio Izquierdo, quien "cansado de tirar del carro" decidió no presentarse a la renovación del cargo.

Ni todos los vecinos ni todos los barrios son iguales en participación. Cada zona tiene su propia idiosincrasia y sus propios problemas, que al fin y al cabo son los que mueven a estos colectivos. De ahí que partes de la ciudad "muy hechas", como es el centro, en el que "prácticamente sólo se vela de su mantenimiento", sea escasa la movilización vecinal.

Tampoco todos los presidentes se entregan al colectivo de igual modo y por los mismos motivos. De ahí que muchos de los encuestados señalaran, sin mencionar nombres, una práctica normal en estas organizaciones. Y es utilizar las asociaciones y su infraestructura para "colocarse en el primer puesto de salida en el nivel político", afirma Espejo. En este sentido, cabe señalar que son muchos los colectivos de la ciudad en los que el color político se distingue por encima del sentir de las reivindicaciones, castigando o alabando "a la mano que da de comer", afirma Fresno, quien asegura que su colectivo "no pide subvenciones ni financiación para no estar sometido". Por éstas y otras circunstancias, "muchos ciudadanos han perdido la fe en estos colectivos" y se "han desentendido de la participación", lo que "ha hecho mucho daño", señala Espejo.

En este punto, algunos de los representantes vecinales encuestados apuntan que los presupuestos participativos no han supuesto el impulso que la participación ciudadana necesita y han sido "una decepción, al no verse cumplidas las propuestas acordadas en ellos". El presidente de Huertos Familiares, Antonio Rojas, afirma por ejemplo que las juntas municipales de distrito y la gestión de un presupuesto propio puede reactivar la participación, ya que "si no se abren caminos reales para que los ciudadanos participen al final se quedan en su casa".

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