la huella de eta en Córdoba

Intento de masacre en Carlos III

  • La banda criminal, que ha escenificado su disolución, ha dejado un reguero de dolor difícil de olvidar al que Córdoba no fue ajeno

  • Diez cordobeses resultaron muertos en varios atentados

Uno de los vehículos explosionados en Córdoba en el año 1996. Uno de los vehículos explosionados en Córdoba en el año 1996.

Uno de los vehículos explosionados en Córdoba en el año 1996. / el día

Por mucho que la llamada Declaración de Arnaga del pasado viernes trate de pasar página, buscar la reconciliación y certificar la disolución de la banda, lo cierto es que en sus seis décadas de actividad, la organización criminal ETA ha causado un daño terrible, un dolor al que Córdoba -por desgracia- no ha sido ajena. Aún permanece en el recuerdo de muchos ciudadanos aquel terrible año 1996, cuando un 20 de mayo los terroristas trataron de provocar una masacre en la ciudad. Aquel atentado le costó la vida al sargento Miguel Ángel Ayllón.

Todo ocurrió en la avenida Carlos III. Eran poco más de las 07:30, cuando un autobús con militares que se dirigía a la base de Cerro Muriano circulaba por la avenida. Los asesinos etarras activaron una bomba situada en un contenedor, cuya deflagración afectó de lleno al vehículo. El resultado: el fallecimiento del sargento Miguel Ángel Ayllón, varios heridos y daños considerables en varios edificios de la zona. El caos y el miedo se apoderó del barrio y en pocos minutos se confirmó que se trataba de una acción cobarde, una más, de los sicarios de ETA.

Mucho se ha escrito desde entonces sobre lo ocurrido, siempre con la figura del sargento Ayllón como víctima y con el recuerdo hacia el militar y su familia, al que Córdoba no olvida. Pero, ¿qué pretendía ETA con aquel atentado? Pues un acción mucho más impactante. Querían una masacre.

Porque los terroristas no se conformaron con accionar la bomba, sino que colocaron a escasos metros un vehículo cargado de explosivos, con la intención de detonarla poco después. Sin embargo, algo falló. Muchas son las teorías que se han puesto sobre la mesa con el paso de los años, aunque lo único comprobado es que no consiguieron su propósito.

Una de las personas que vivió aquel día de manera muy especial fue el que entonces era alcalde de Córdoba y hoy diputado en el Congreso por el PP, Rafael Merino, quien tiene claro cuál era el propósito de ETA: "querían una matanza similar a la Hipercor o algo así". Merino recuerda que "en el momento en el que me avisaron me desplacé hacia Carlos III y todo lo recuerdo con mucho dolor y sufrimiento, tanto por el sargento asesinado como por las familias del barrio". El entonces regidor cuenta además cómo el objetivo de hacer daño era mucho mayor y señala que "en aquel momento no sabíamos que había al menos un vehículo con explosivos preparado para estallar. Y lo que son las cosas, estuve atendiendo a los medios y haciendo entrevistas junto a ese vehículo, prácticamente apoyados en el mismo, sin saber lo que contenía en su interior. La verdad es que fue un milagro".

Y es que en aquellos momentos de desconcierto, la prioridad de la Policía y las instituciones era atender a las víctimas y comprobar los daños sufridos, todo ello con el impacto que suponía el conocimiento de que un sargento que viajaba en el vehículo había perdido la vida a manos de unos asesinos.

Rafael Merino explica que "no nos dimos cuenta de la existencia de un coche bomba, hasta que un policía que estaba inspeccionando la zona se percató del excesivo peso que parecía que soportaba en la parte trasera el vehículo, por lo que dio la voz de alerta. Y efectivamente, era uno de los coches cargado de explosivos". Aquello certificó que el fin no era otro que el de matar a cuantas personas fuera posible. "Asistí después a la detonación controlada de aquellos vehículos y la sensación que sentí fue muy impactante", dice.

El atentado de Córdoba ocurrió en un contexto muy duro para la sociedad española y para Andalucía, donde ETA había establecido un comando. "Nosotros sabíamos que los cargos públicos estábamos en el punto de mira y yo fui objeto de seguimientos, al igual que otros alcaldes andaluces", explica Merino, quien apunta que "llegaron a explicarnos que conocían muchos de nuestros movimientos, los horarios y hasta dónde y con quién desayunábamos los fines de semana". Ahora, con la banda ya disuelta, el exalcalde cordobés lo tiene claro: "ese dolor no se olvida nunca, pero yo tengo la tranquilidad de que el presidente Rajoy no va a ceder ni un milímetro ante ETA". Además, en su recuerdo queda aquella manifestación en Córdoba posterior a la que fueron miles de personas para mostrar su repulsa a lo ocurrido, "una movilización histórica, sólo comparable a la que por desgracia se convocó después tras el secuestro de Miguel Ángel Blanco", precisa el diputado.

Pero por desgracia, la huella de la banda criminal en Córdoba no acabó ni empezó en el intento de masacre en Carlos III. A principios de agosto de 1996, dos meses y medio después de asesinar al sargento Ayllón, los terroristas regresaron a Córdoba y dejaron una mochila con casi medio kilo de amonal junto al Parador de la Arruzafa, una artefacto que la Policía pudo desactivar, aunque hubo que desalojar previamente todo el complejo. "Aquello quedó en un susto", indica Rafael Merino, quien añade que ETA buscaba actuar en algunos puntos de interés turístico en Andalucía.

En cuanto a las víctimas cordobesas, uno de los casos más sangrientos fue el del guardia civil de Valsequillo Emilio Capilla, que perdió la vida junto a su esposa Dolores y su hija Rocío en la explosión de la casa-cuartel de Zaragoza en diciembre de 1987. Este triste listado se completa, además de con el sargento Ayllón, con el guardia José Díaz (Córdoba), asesinado a tiros en Andoáin en 1979; Luis Martos (Córdoba), tiroteado en 1980 en Irún; Juan Expósito (Aguilar de la Frontera), que recibió un tiro en la nuca en 1985 en Elgoibar; José Manuel Alba (su familia residía en Córdoba) fallecido en la explosión de un coche bomba en 1990 en Bilbao; y Eduardo López (Montilla), víctima de una explosión en Endarlaza en 1995. ETA ya es historia, pero su funesto legado no se olvida. Córdoba lleva a la víctimas en su memoria.

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