Universidad

Ignacio Molina asegura que "la solución de Cataluña es la ambigüedad"

  • El investigador del Real Instituto Elcano y el Miguel Agudo concluyen las jornadas El laberinto catalán de la Cátedra Unesco

Ignacio Molina, Manuel Torres y Miguel Agudo, durante la conferencia. Ignacio Molina, Manuel Torres y Miguel Agudo, durante la conferencia.

Ignacio Molina, Manuel Torres y Miguel Agudo, durante la conferencia. / El Día

Un eventual referéndum en Cataluña no resolvería el conflicto territorial, sino que lo prolongaría, debido a la ajustada división de la sociedad, según ha teorizado esta tarde Ignacio Molina, investigador principal del Real Instituto Elcano, en las jornadas El laberinto catalán, organizadas por la Cátedra Unesco de Resolución de Conflictos de la Universidad de Córdoba. "La solución es la ambigüedad", ha zanjado. "La cuestión catalana no tiene solución para ninguno de los dos lados. Es una cuestión de conllevanza. Mi hija seguirá oyendo hablar del problema catalán cuando sea mayor", ha reseñado.

Siguiendo este argumento, también ha aventurado que el tema que se ve "es que no va a desaparecer nunca" porque "se enquistarán como sentimientos defensivos e identitarios tanto en Canadá como en Cataluña". Ignacio Molina ha cifrado la horquilla nacionalista entre el 33% y el 50%, tal como se deriva del análisis de las elecciones autonómicas, y ha puntualizado que "su pujanza electoral, contra lo que se suele esgrimir, se mantiene estable en el tiempo". "Lo que sí ha pasado es que se ha radicalizado, sobre todo a partir del año 2010 cuando una parte sustancial del catalanismo se desplazó hacia el independentismo", ha añadido.

En su intervención, Molina también se ha preguntado "¿por qué el nacionalismo mutó al secesionismo?" y ha fijado varios motivos diferenciados. El primer factor, bajo su óptica, "ha sido la globalización y la ruptura de la dependencia del mercado interno que hasta los ochenta representó una ventaja económica indudable para Cataluña". En segundo lugar, ha hecho referencia al control de la educación y la comunicación, fundamental en la creación de "una idea más clara de nación" a partir de la transición democrática. Otros elementos más próximos han sido el referéndum de Escocia, que surgió como un modelo para el nacionalismo catalán, la austeridad y la sentencia del Tribunal Constitucional de 2010, que, en su opinión, fue "espantosamente mal gestionada por los magistrados, aunque jurídicamente era sostenible". 

Molina ha indicado también que "una eventual y quimérica independencia de Cataluña chocará con la realidad del nulo reconocimiento internacional, salvo algún país aislado sin peso específico en el mundo". "España ha conseguido el apoyo de los líderes internacionales a su unidad como país. Y eso no es fácil. A Canadá le costó muchísimo convencer a Clinton para que apoyara su unidad territorial. Y Francia anunció que reconocería a Quebec al día siguiente", ha destacado y ha añadido que "sin el apoyo internacional y con la fuga continua de empresas, el independentismo está en una encrucijada". "Nadie reconocerá a Cataluña fuera y además no logrará controlar el territorio y sus fronteras. Eso es imposible", ha considerado.

La sesión también ha contado con la intervención del catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Córdoba Miguel Agudo, quien se ha centrado en analizar los distintos modelos de Estado, desde el federal, el confederal y el de las autonomías, propio de España. Agudo se ha mostrado partidario de reformar la Constitución del 78 para dar acomodo a las nuevas realidades territoriales en un sistema federal. "La Constitución ha tocado techo en el Estado de las autonomías", ha dicho. En su opinión, las reformas deben ir orientadas a reconocer las "identidades del Estado en el respeto a la unidad y la solidaridad". Así, ha defendido la conveniencia de que cada autonomía "se autodefiniera conceptualmente como quisiera y no de la forma rígida que marca actualmente la Carta Magna!. "¿Qué es una nacionalidad?", se ha preguntado refiriéndose a la denominación que se pactó en 1978 para Cataluña, País Vasco, Galicia y Andalucía. "¿Es un eufemismo de nación?", se ha contestado.

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