Córdoba

Flores entre la Historia y el recuerdo

  • Doce recintos participan fuera de concurso, entre ellos algunos que solo se abren para esta ocasión

Patio de la casa de los Romero de Torres. Patio de la casa de los Romero de Torres.

Patio de la casa de los Romero de Torres. / reportaje gráfico: jordi vidal

Entre restos arqueológicos y plantas, Julio Romero de Torres mira fijamente al objetivo de una cámara mientras pinta un boceto de la figura protagonista de su lienzo La saeta (que está expuesto en el Palacio de Viana). El pintor aparece así, como en actitud vigilante, en una de las fotografías que llenan las paredes del patio de la que fue su casa familiar y que se abre al público con motivo del Festival de los Patios fuera de concurso.

La historia de los Romero de Torres se palpa en el ambiente; entre las esculturas clásicas, los azulejos de época y los naranjos que dan sombra a este patio lleno de recuerdos. Un espacio lleno de encanto por su arquitectura y por la colección de escultura clásica que exhibe, a lo que hay que sumar el atractivo que supone la restauración del taller del autor de La chiquita piconera, que se sitúa enun lateral del patio. Allí está en caballete, la paleta de mezclas, los útiles del pintor, un brasero de picón, una estufa y varios cuadros; todo con un fondo lleno de fotografías de las modelos del pintor. "Mirad, éste era Rafael, era muy guapo, el más guapo de la familia", explicaba una mujer al grupo al que acompañaba sobre una de las fotografías ampliadas que se exponen en el patio, tras lo que añade una explicación sobre la historia de la propiedad de este edificio.

En este rincón, la historia trasciende a la belleza de las plantas y la imaginación de los visitantes vuela hasta las dos primeras décadas del siglo pasado, con Enrique Romero de Torres restaurando bienes del Museo de Bellas Artes -del que fue conservador y director- y Julio sale al patio para pintar.

Cerca de este espacio, en la misma plaza del Potro, se encuentra otro de los patios fuera de concurso, el más flamenco de todos: la Posada del Potro, sede del Centro Fosforito. Mientras suenen diferentes cantes, los visitantes recorren las salas de este antiguo edificio recuperado para mostrar la riqueza del arte jondo con Fosforito como centro. Con una clásica estructura de corral de vecinos, esta casa del siglo XV fue destinada a posada hasta los años 70 del siglo XX. En algunas zonas, la vegetación que cubre sus paredes apenas deja ver el blanco de la cal, mientras en otras zonas las protagonistas son las macetas. Los corredores superiores de madera, una rueda de carruaje y la pila aportan el encanto a este patio.

También tienen una historia detrás los recintos del número 4 de la calle Trueque y el 11 de San Juan de Palomares. En este caso de familias anónimas que vivieron en estas casas y de las personas que cuidan sus patios para que estén en perfecto estado para los visitantes. El primero de ellos alberga además el Centro de la Cultura Inmaterial de los Patios de Córdoba, un espacio que acerca esta tradición a los turistas a través de un vídeo, fotografías y elementos interactivos que hacen un recorrido histórico por este tipo de recintos. "Hazme una foto junto al pozo", indicaba una joven a su acompañante mientras se preparaba para la instantánea.

El segundo es la sede de la Asociación de Patios Claveles y Gitanillas, un espacio en el que llama la atención de forma especial una bella buganvilla -que muchos visitantes utilizan de fondo para sus selfies- y un limonero con frutos de gran tamaño.

Acompañan a estos cuatro recintos fuera de concurso otros como los situados en el Palacio de Orive, la Subdelegación de Defensa, el Archivo Municipal, el Zoco artesanal, el espacio Rey Heredia, 22; el Museo Arqueológico y el Archivo Histórico Provincial.

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