La Fiscalía solicita 20 años por el crimen del párroco de Villafranca

  • El procesado, un inmigrante de nacionalidad rumana, golpeó al sacerdote con un radiador de grandes dimensiones sobre la cabeza y el tórax hasta matarlo

Cogió un radiador de grandes dimensiones y le propinó "numerosos golpes en la cabeza, el cuello y el tórax" hasta que lo mató. El inmigrante rumano detenido por la muerte del cura de Villafranca -V. T.- se enfrenta a 20 años de prisión por un presunto delito de asesinato, unos hechos que se desencadenaron -según la Fiscalía- en el transcurso de una "fuerte discusión" por unos motivos que no han logrado aclararse.

El crimen se produjo el 15 de julio del año pasado. El Ministerio Público recuerda en su informe provisional de acusación que el encartado llegó a España en 2004 y al año siguiente conoció al sacerdote, párroco de la iglesia de Santa Marina de Aguas Santas, conocido en la localidad "por su dedicación a las personas más necesitadas y en especial a los inmigrantes". Desde que ambos se conocieron, el cura le dio trabajo como albañil a su presunto asesino y durante dos años convivieron en periodos intermitentes en el domicilio de la víctima.

El día de los hechos, la víctima le prestó el coche a V. T. para que fuera a la piscina y, por la tarde, ambos se reencontraron. La Fiscalía no aclara qué motivó la disputa que se produjo pasadas las 23:00 y que culminó con el asesinato del sacerdote. "Fue tal el número de golpes y la fuerza con la que actuó V. T. -relata el fiscal- que el sacerdote perdió la conciencia y fue deslizándose desde la cama al suelo". Esto permitió que el acusado "continuara su brutal ataque, golpeándole hasta lograr su propósito". El párroco sufrió numerosas heridas contusas en el cráneo y la cabeza que acabaron con su vida.

En el momento de su muerte, el párroco contaba con 75 años y sus familiares más cercanos eran una hermana y un sobrino. Tras la agresión, el inculpado cogió las llaves del vehículo del sacerdote y se dio a la fuga, aunque primero se encontró con unos amigos con los que había quedado. Estos testigos -según relata la acusación particular- vieron cómo el procesado salió del domicilio de la víctima "portando dos bolsas de basura y un cubo blanco, cuyo contenido se desconoce, que vació en un contenedor". V. T., además, les pidió que "se dieran una vuelta y luego volvieran porque tenía que hacer unas cosas".

Los agentes localizaron al sospechoso en la estación de autobuses de Madrid sobre las 19:00 del día siguiente. El cadáver del sacerdote, sobre un charco de sangre, fue descubierto esa mañana.

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