Condenada a trabajos sociales por pegar a su hija, que se negó a limpiar

  • La madre golpeó a la menor, de 13 años, con un palo en el cuello y en los brazos; la joven sufrió una rozadura que apenas le duró unas horas, según reconoce el fiscal

Golpeó a su hija con un palo en el cuello y en los brazos porque se negaba a arreglar su habitación. Una vecina de Córdoba de 40 años -cuya identidad responde a las iniciales M. M. C.- aceptó ayer cumplir una pena de 60 días de trabajos en beneficio de la comunidad por pegarle a su hija como castigo a una desobediencia. La acusada reconoció, de esta manera, los hechos relatados por la Fiscalía de la Audiencia Provincial, que también sentó en el banquillo de los acusados a un amigo de la familia por una supuesta falta de malos tratos.

Los hechos se produjeron sobre las 12.45 en junio de 2006 en el domicilio de la familia, cuando se inició una discusión entre la madre y la hija, de 13 años. El motivo que originó la trifulca fue que la joven, al parecer, no quería arreglar su cuarto. En el transcurso de la disputa, la madre agarró un palo y le dio varios azotes a la menor en el cuello y en los brazos. Como consecuencia de la "agresión" -según los términos la Fiscalía-, la niña sufrió lesiones y tuvo que ser atendida. En concreto, la niña sufrió un eritema en la región axilar, del que tardó en curar "pocas horas" sin que le hayan quedado secuelas. El acusado -M. M. M., de 23 años- sí prestó declaración en la vista oral al no conformarse el relato del fiscal. Según el Ministerio Público, el imputado "comenzó a darle patadas en las piernas y en los brazos a la niña". El hombre se justificó: "Le dije que arreglara la habitación, pero me dirigí a ella de buenas maneras", relató. El procesado, que recordó que "la madre le pegó en el culo" a la niña, defendió su inocencia: "Yo le hablaba normal. Cuando empezó la discusión, la cogí del brazo, pero en ningún momento se lo apreté", contestó a preguntas del fiscal. M. M. M. negó, además, que le propinara a la menor patadas en las piernas y en los brazos. El fiscal solicita para el procesado una multa de 200 euros y, en caso de ser condenado, no podrá acercarse a la víctima en un radio de 200 metros ni comunicarse con ella en seis meses.

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