Boda en Polonia

Rocío León tiene 28 años y trabaja en una tienda de electricidad en Ciudad Jardín. Ella decidió aprovechar que su hermano mayor se casaba en Popowo Koscienle, Polonia, para salir de España y viajar a un país hasta el momento desconocido para ella y su familia, y de paso hacer algo de turismo. Las vacaciones ya estaban planeadas; sólo quedaba ponerse en marcha, hacer las maletas y tomar rumbo al aeropuerto, donde debía coger un avión que tardaría cuatro horas en llegar a su destino. Una vez allí había que localizar el hotel donde se iban a alojar. A partir de ese momento comenzaba la cuenta atrás para que la boda se celebrase. Todos los preparativos estaban a punto. Ya era sólo cuestión de horas. Pero cuando ésta comenzó y empezaron a llegar las invitadas, todas llevaban un ramo de flores, y es que "allí es costumbre al finalizar la ceremonia entregárselos a los recién casados para que ellos elijan los que más les gusten", comenta Rocío. La misa no fue muy distinta a las que ella conocía, sólo cambiaba el idioma, pero a la salida de la iglesia ¡sorpresa!, los invitados les esperaban fuera y en vez de tirarles arroz a la pareja, les lanzaban monedas que ellos debían recoger sin ayuda de nadie y ver quién de la pareja recogía más.

Tras la ceremonia eclesiástica, ya rumbo al convite sentados en la mesa que les correspondía, su asombró volvió a reflejarse cuando el camarero comenzó a llenar las copas con vodka en vez de con vino, "algo que me dejó un poco desconcertada". Además, tras la comida su hermano le comentó que no había ni baile, ni barra libre, algo muy común en las bodas de España.

A la mañana siguiente de la boda, con una resaca de vodka a la que no estaba acostumbrada, Rocío, cámara al cuello, mochila a la espalda y diccionario en mano, fue a Varsovia con su familia para conocer los puntos turísticos de mayor interés, y ver cómo era la vida en la ciudad. Visitaron el casco antiguo, marcado por la huella de la Segunda Guerra Mundial, cuando los alemanes invadieron Polonia. Fueron al Castillo Real, residencia de los reyes polacos, la casa del astrónomo Nicolás Copérnico. Anduvieron por los bosques frondosos y lagos situados en las zonas más rurales, entraron en el Santuario de la Virgen de Czestochowa, más conocida como La Madonna Negra. Vieron cientos de estatuas dedicadas a los trabajadores. Le contaron que la figura del águila es un símbolo típico de Polonia, que representa la libertad junto a la imagen de la sirena guerrera símbolo de batalla, algo muy común en estas tierras. También pudieron ir a dos de los mercados más típicos de allí, que se conocen como el mercado para ricos y el mercado para pobres. El de los ricos es parecido a los centros comerciales que existen en España y el de los pobres es más como un mercadillo en el que se pueden encontrar distintos tipos de vodka, como es el de hierbas. Otro de los productos típicos es la artesanía, entre la que destacan las cajas de madera labradas, las matrioskas, muñecas originarias de Rusia realizadas en madera que se colocan una dentro de otra de mayor a menor.

Al terminar el día, decidieron salir a conocer la noche de Polonia y apreció que también hay algunas diferencias. Allí los pubs y las discotecas cierran a las 03:00, poco horario si lo comparamos con el que tenemos en Córdoba, donde las discotecas están en pie de baile hasta bien entrada la mañana. Además, las copas las servían sin hielo, las cervezas calientes y ofrecían comida hasta la hora de cierre.

Durante las vacaciones en Polonia, también tuvieron la oportunidad de conocer lo que ellos llaman barbacoa, en la casa de campo de la familia de su cuñada. "Se cocina algo distinto, la carne y el pescado no se asan en las brasas, sino que se ahuman" comentó Rocío. La cocina polaca está influenciada por la gastronomía alemana, eslava, judía o turca, entre otras. Aunque alguno de los productos estrella típicos de allí son el queso quark y el salmón. También son típicos, en la carta de postres, el helado y el pastel de semillas.

Sin duda alguna, si algo tiene claro Rocío es que la boda, al ser en el extranjero, fue la excusa perfecta para salir de España y poder añadir un país más a su cuaderno de viaje. Estas vacaciones las recuerda como una de las mejores, porque "gracias a mi cuñada, a su familia y amigos pude conocer no sólo los monumentos y leyendas típicas de Polonia". Conocer un país y sus costumbres de la mano de un nativo es mejorporque podrá mostrar muchas más cosas de las que vienen en las guías turísticas del país.

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