Bailes de salón para quitarse años

  • El Ayuntamiento ofrece la posibilidad a un grupo de personas mayores que acudan dos días a la semana al Centro Cívico de Santa Rosa para recibir clases de danza, que imparte la monitora Eva Garridol variedad Vals, merengue o pasodobles son algunos de los estilos que aprenden los alumnos de manos de Eva Garrido, una profesional que lleva desde el año 1991 dedicada al baile.

El ritmo del merengue, la elegancia del vals, el señorío del pasodoble o el carácter latino de la salsa. Cada lunes y miércoles, un grupo de 38 parejas de jubilados disfrutan en el Centro Cívico de Santa Rosa de los beneficios del baile gracias a un taller impulsado por el Ayuntamiento que comenzó a principios de febrero y se prolongará hasta mayo.

Durante estos meses, Eva Garrido se encarga de poner su experiencia y aprendizaje al servicio de estas personas mayores y enseñarles los principios básicos de cada estilo, aunque le objetivo último es pasárselo bien y eso se nota en la clase.

Nada más entrar, el sonido de la música provoca que los pies se muevan solos. Eva se coloca en el medio y los alumnos observan en círculo cada uno de sus movimientos. Es merengue, y se trata de desplazar los pies de un lado a otro, "casi arrastrándolos por el suelo, poco a poco concentrando el movimiento en el vaivén de las caderas", cuenta Eva. Ellos la imitan a la perfección, y las risas empiezan a sonar cuando se produce el primer pisotón. Aunque la mayoría de los que forman este grupo son ya casi todos unos expertos, pues ya participaron en el mismo taller el año pasado, que acabó en diciembre.

Es el caso de Rafael, que ya ha sobrepasado los 60 años, y acude cada lunes y miércoles a su cita con el baile sin ningún tipo de reparos. Y es que, una normativa obliga a su asistencia, ya que si se faltan tres días sin causa justificada, es pareja pierde su sitio en la clase. A Rafael, sin embargo, no le influye esta regla, "yo vengo encantado", asegura, pues "desde que bailo me encuentro mucho mejor". María es su pareja y coincide con él en los múltiples beneficios de los bailes de salón. "Nos reímos mucho y nos lo pasamos muy bien, es una alegría venir aquí", comenta.

La convivencia hace que este grupo de haya convertido en una gran familia. La monitora, Eva, asegura que "recibo mucho cariño, porque me cuentan historias de sus hijos, de sus nietos; son increíbles". Además, es de admirar que haya personas que incluso superan los 70 años y tienen una energía mayor a la de muchos adolescentes.

Juan, es un jubilado del barrio que tampoco se pierde una cita con el baile. "Esto me ha devuelto la alegría, es una pena que no lo pongan más días", asegura completamente convencido. Como él, todo este grupo de mayores tiene una gran disposición y escuchan atentos las indicaciones de Eva, excepto cuando suena el pasodoble, que se lo saben al dedillo. Sin embargo, la monitora les ha enseñado a sacarle más partido a este tradicional baile del que tantas veces han disfrutado en las fiestas populares.

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