Crítica de Cine

El cineasta, el padre

Una imagen del documental dirigido por Félix Viscarret. Una imagen del documental dirigido por Félix Viscarret.

Una imagen del documental dirigido por Félix Viscarret. / firma foto

Tras la primera entrega dedicada al recientemente fallecido Basilio Martín Patino, la serie documental Cineastas contados se detiene ahora en la figura de Carlos Saura, uno de nuestros cineastas de referencia, con más de 40 títulos a sus espaldas, justo cuando acaba de cumplir 85 años. A diferencia del retrato cercano del director salmantino de Virginia García del Pino, el cuadro de Félix Viscarret (Bajo las estrellas, Vientos de La Habana) opta por una aproximación a Saura desde la exterioridad, el juego y la representación, a través de los testimonios de sus hijos, siete hijos de cuatro madres distintas, seis varones y una mujer que dan cuenta de sus respectivas relaciones personales con el padre en charlas y conversaciones a dos.

Contra todo pronóstico hagiográfico o mitificador, Saura(s) se abre poco a poco a una suerte de psicoterapia familiar en la que emerge (sin rencor ni excesivos reproches), mucho antes que el gran cineasta, de cuya trayectoria, constantes y etapas, de Los golfos a Jota, se dan unas cuantas pinceladas básicas, la figura del padre imperfecto, un padre ausente, ajeno a las labores primarias de la educación (moral) o la guía, que ha compensado a destiempo y por otras vías las limitaciones y carencias de su rol fallido como cabeza de familia.

De hecho, la mirada autoconsciente y reflexiva de Viscarret, que desvela el dispositivo y los procesos de elaboración a través de citas de estilo saurianas o intervenciones directas, va dejando entrever ese discreto intento de desnudo emocional de una figura fría que se empeña en blindarse a las confesiones de afecto o se resiste a caer en la nostalgia. Saura(s) nos deja así a un Saura algo más indefenso que de costumbre, a un anciano aún lúcido y activo, siempre trabajando (pintando, montando y desmontando sus cámaras de fotos), siempre pensando en el próximo viaje o el próximo proyecto, al que sus propios hijos, especialmente el hijo ausente y alejado de su ala protectora, terminan por revelar (a veces por omisión) mucho mejor de lo que lo hubiera hecho él mismo.

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