Jackson regresa a tierras seguras

  • Diez años después de 'El señor de los anillos', el director neozelandés vuelve al universo de Tolkien con su adaptación de 'El hobbit', el título que precedió a la famosa saga.

¿Era una maldición bíblica que Peter Jackson volviese al universo de Tolkien, una década después de pasar con nota la prueba de la imposible adaptación de la kilométrica El señor de los anillos? El remate de la trilogía, culminado con los once Oscars de El retorno del rey -premio con mucho de reconocimiento admirativo ante haber cumplido ante un proyecto tan desmesurado-, parecía decir que el neozelandés podía irse a casa satisfecho. Sin embargo, al final ha vuelto a la Tierra Media y a su fauna incomparable versionando el libro previo a la trilogía de los anillos, El Hobbit, donde se cuenta el viaje de Bilbo Bolsón y su encuentro con la fabulosa joya.

Claro que la culpa de que Peter Jackson regrese a casa la tiene él mismo. Tras coronarse con El retorno del rey como el monarca del cine industrial, se embarcó en dos disparates que hicieron tambalear su status. King Kong era una desmesurada y más bien gratuita versión del clásico del fantástico que hizo dudar de equilibrio egótico del neozelandés. Quiso hacerse humilde en The Lovely Bones, pero falló al no hallar el delicado equilibrio entre la historia de ultratumba y la sórdida realidad que mostraba la trama. Lo peor es que ninguna de las dos fue bien en taquilla, que es lo más imperdonable en Hollywood, así que Jackson ha vuelto a los valores seguros de Tolkien. Pero la realidad es más compleja. El Hobbit fue el libro que hace ya casi veinte años Jackson quiso adaptar, pero los problemas legales sobre los derechos de la novela le hicieron decantarse por la trilogía de los anillos. Así que es un viejo proyecto nunca olvidado. De hecho, empezó a trabajar en él nada más terminar El retorno del rey. Pero una miríada de problemas lo emborronó todo desde el principio. Jackson quería volver a trabajar con New Line, el estudio con el que abordó su primera visita a Tierra Media, pero hubo muchas tensiones con ellos. El proyecto pasó a la MGM, pero se declaró en quiebra en 2010 -lo que afectó también al rodaje de Skyfall- y todo se retraso de nuevo. Empero, lo más doloroso y determinante fue la salida de Guillermo del Toro. El mexicano iba a dirigir y Jackson a producir, pero la acumulación de problemas llevo al director de El laberinto del fauno a retirarse para encarar su propio proyecto, la esperada Pacific Rim. Nos hemos perdido ver como un director tan personal como Del Toro iba a afrontar el mundo de Tolkien.

Así que ya contra las cuerdas Peter Jackson tuvo que asumir in extremis la dirección, pero no acabaron ahí sus cuitas. Agradecido por haber convertido a Nueva Zelanda en un destino turístico de primer orden gracias a los paisajes de El señor de los anillos, el gobierno de las islas decidió dar notorias exenciones fiscales a la productora. Las lógicas protestas de otros sectores productivos llevaron al cineasta a poner en peligro su nombramiento de hijo predilecto amenazando con llevarse la feria a los Balcanes, que son baratitos para rodar. Un incendio quemó parte de los decorados y por último, tal vez acusando tantas tensiones, una úlcera perforante tuvo a Jackson fuera de combate mucho tiempo. Sin embargo, la polémica parece inminente, pues ha habido bastantes libertades con el texto original. El objetivo inicial era hacer dos filmes, pero al final Jackson convenció a los productores para hacer una trilogía, algo extraño en un libro no tan grande. Hay personajes de El señor de los anillos que no aparecen en El Hobbit, como la reina Galadriel, que Jackson ha considerado conveniente recuperar. Otros, como Tauriel, directamente son inventados. Algunos personajes de la primera trilogía, como Elrond (Hugo Weaving), por supuesto Gandalf el Gris (Ian McKellen) o Saruman (Chistopher Lee) repiten con los mismos actores. Otros tienen que cambiar por la cosa de la edad. Así, Bilbo, al que conocimos hace una década con los rasgos de Ian Holm es ahora el más joven Martin Freeman, conocido por ser el Watson de la reciente y heteredoxa versión televisiva de Sherlock Holmes. Curiosamente, su jefe y amigo en esa ficción, Benedict Cumberbatch, es Saurón. Nombres nuevos han de unirse necesariamente, como los de Luke Evans (Bardo el arquero) o Richard Armitage (Thorin Escudo de Roble) que tienen que la misión de hacernos olvidar a Aragorn, Legolas y demás.

A partir de hoy viernes podremos comprobar como ha afrontado Peter Jackson este nuevo esfuerzo, cuyo principal hándicap es que el libro original no es tan complejo como El señor de los anillos. Pero no olvidemos que ya sabe lo que es probar la Tierra Media.

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