Consultorios de segunda clase

La escasez de medios, la sobrecarga de trabajo y la falta de espacio son algunos de los principales problemas que denuncian los enfermeros de las zonas rurales

Rafael C. Mendoza | Actualizado 31.01.2010 - 05:01
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Estrechez de la calle que conduce al consultorio de Pedroche.

La prestación sanitaria en la mayor parte de la provincia es muy diferente a la de los principales municipios, sobre todo la capital. Basta con analizar la situación a la que se ven abocados a diario desde profesionales a pacientes en El Guijo, Pedroche, Carcabuey, Jauja o cualquiera de las aldeas de Fuente Obejuna, por citar tan sólo algunas de las muchas zonas rurales que se distribuyen por la geografía cordobesa. La escasez de medios básicos como jeringuillas o simples gasas para curar heridas o el retraso con el que estos productos llegan a los ambulatorios son algunos de los principales aspectos que denuncia el personal consultados por El Día. Es frecuente que el enfermero de turno tenga que hacer uso además de su propia línea telefónica -red fija o móvil- para tratar de contactar con el centro del que dependen estas instalaciones para evitar que la demora sea más excesiva de lo habitual. Sin salir de este capítulo, hay quien habla de semanas o incluso meses al referirse al periodo que transcurre desde que se agota el artículo hasta que vuelven a contar con él.

La calificada como "bochornosa" escasez de medios es, por su "repercusión directísima" en los pacientes, un problema que subrayan casi en primer lugar en este análisis. Uno de los enfermeros a los que accedió este medio de comunicación alude incluso a las tretas a las que tienen que recurrir para que los usuarios no se queden sin la medicación que le han de suministrar. "En ocasiones tenemos que ir a la farmacia con la receta de un pensionista para que no nos cueste dinero", declara un profesional al abordar una situación a la que "puede decirse que casi me he tenido que acostumbrar después de 15 años trabajando en estas condiciones".

El tiempo de espera que tiene que soportar el personal sanitario que trabaja en estos consultorios no es, sin embargo, el único inconveniente que está relacionado con el material. Los enfermeros destacan asimismo a la "falta" de espacio que hay en unos ambulatorios en los que apenas hay dos consultas y una sala de espera para atender a los pacientes que llegan a estas instalaciones. "Tengo la consulta llena de cajas, pero, sin embargo, hay determinados productos de los que ni siquiera tengo existencias, pero es que no hay un sólo hueco en el que meter nada más", puntualiza una de las profesionales.

Al hilo del proceso que han de seguir casi a diario para comprobar qué les falta y, por tanto, qué fármacos y material fungible han de pedir, los enfermeros recalcan que "esta función no tiene nada que ver con nuestra profesión, pero tenemos que asumirla porque no hay nadie que la haga". A alguno de los sanitarios consultados por este periódico le parece "verdaderamente increíble" que el enfermero tenga que asumir funciones propias "de telefonista, celador, administrativo, lógicamente de enfermero y hasta de limpiadora si llega un niño y vomita". El trabajo se multiplica cada día y es este profesional el que ha de preparar la camilla, limpiar el material con el que trabaja, llamar a los pacientes, dar citas y suministrar la medicación o las vacunas a las personas que lo necesiten. "Se ha pasado en poco tiempo de ser sólo pinchaculos al todo que tenemos que afrontar cada día", precisa un profesional que lleva más de una década en el medio rural.

Este personal se siente "abandonado" por el Servicio Andaluz de Salud (SAS) y declaran abiertamente y sin tapujos que tanto el centro como los medios con los que trabajan "son de segunda o de tercera clase" si se comparan con los que tienen, por ejemplo, en la capital. El abanico de competencias de estos enfermeros se abre todavía más cuando tienen que desplazarse a un núcleo de población cercano, como es el caso de cualquiera de la zona de huertas situados a tres o cuatro kilómetros de la aldea. "Tenemos que ir en nuestros vehículos, pagándonos la gasolina y exponiéndonos a la carretera sin que el SAS nos dote de un vehículos para el centro", declara otro de los profesionales a los que accedió este periódico.

La informática es también otra asignatura pendiente en determinadas zonas rurales. Por lo general, según la información facilitada a este medio, los consultorios tienen conexión a internet y ordenadores con los que poder acceder a las páginas web, pero "los fallos son continuos y diarios". Hay incluso algún que otro ambulatorio en el que se no ha implantado todavía el Diraya, que es el sistema del que se vale el SAS como soporte de la historia clínica electrónica para integrar toda la información de salud de cada ciudadano. "En los lugares donde no hay, lógicamente trabajamos con el sistema antiguo", detalla una enfermera.

A este cúmulo de vicisitudes se le suma además el hecho de que numerosos profesionales sanitario se ven "casi obligados" a llevarse sus propios aparatos de medir la tensión y hasta el fonendoscopio, bien porque no hay suficientes en el centro en el que trabajan o bien porque los que hay están rotos. "Pides un fonendoscopio nuevo y tarda una barbaridad en llegar, así que hay que coger el de casa", señala una de las enfermeras consultadas. Otro de estos profesionales añade que "el lavado de oídos lo he tenido que hacer muchísimas veces con material propio, ya que el que hay no sirve".

Para este personal, éstos son sólo algunos de los muchos problemas que afrontan a diario.
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