- El Día de Córdoba, Noticias de Córdoba y su Provincia
- Opinión
- Su últimocoto
Su últimocoto
La pica en flandes
Su últimocoto
Francisco J. Domínguez | Actualizado 14.03.2010 - 01:00DELIBES ha muerto. Delibes camina con paso firme hacia su último coto. Su marcha se produce en el momento justo porque las perdices de hoy son de granja. No tienen nada que ver con la brava patirroja castellana de los yermos y las estepas, de los jarales y las dehesas. Es muy difícil encontrar perdices de las de verdad en este mundo, tanto como hallar la autenticidad que representaba este genio, uno de los últimos, uno de los grandes. Mientras el mundo desarrollado se parece cada vez más a una granja de superficial abundancia, el otro, el tercero, se muere de hambre por los desequilibrios, y nos enjaulamos en los malos hábitos y en la crisis. Quizá por ello Delibes se va. Como dice el autor en El último coto -epílogo de sus cacerías- "estamos ante el principio del fin de la caza silvestre", que es tanto como decir ante el fin de la autenticidad, todo ello en una "una naturaleza degradada".
En Delibes reconocemos la España rural arraigada en el medievo todavía en pleno siglo XX, la del desarrollismo del tractor que ara la dehesa en Los santos inocentes y la de trabajadores acomodados de todoterreno, escopeta, perro y vino caro al alcance de cualquiera aunque viva diez pueblos más allá de sus posibilidades. Delibes se va cuando ha visto y retratado como nadie cómo la España dura de patirroja brava se ha convertido en la de la gallinácea de granja, de hábitos previsibles y de escasa resistencia, pero de mayor comodidad para todos. De la España feroz e ilusionada por salir adelante se ha pasado a la insulsa, hasta hace poco muy preocupada por el dinero fácil y ahora acojonada por un futuro incierto que afronta con la misma vacuidad que representa nuestra clase política. Faltan Quirces en una España en la que de pronto todos somos o Paco el Bajo en su pobreza controlada o el señorito Iván venido a menos después de tiempos mejores. Falta rebeldía en los políticos, en los intelectuales, en los empresarios, en los jóvenes, en los educadores. Falta una rebeldía real, no de café con leche, no de pose, no enjaulada por clichés o intereses. Delibes fue ejemplo de intelectual independiente y comprometido, y eso supone bravura, frescura. Como él fue, como es la perdiz silvestre, hay que ser capaz de saltar de una mata de pronto provocando la sorpresa y ganar la mano del cazador con velocidad y astucia, sorteando censuras y escopetas, aun con el paisaje en contra. Es un método que no tiene nada que ver con el del ave aquerenciada y previsible siempre pendiente del pesebre con más pienso, reflejo de lo que es la mediocre clase pensante actual, al menos la que cuenta. Por eso, la marcha de Delibes es aún más grave de lo que ya de por sí supone la pérdida de un enorme intelectual, de un artesano del idioma. Me pregunto quién está recogiendo el testigo de aquellos que como él lucharon en silencio pero con bravura para hacer de este mundo un lugar más habitable sin dejar de mirar al pasado, como hacía Delibes, el bravo. Buena caza amigo.
En Delibes reconocemos la España rural arraigada en el medievo todavía en pleno siglo XX, la del desarrollismo del tractor que ara la dehesa en Los santos inocentes y la de trabajadores acomodados de todoterreno, escopeta, perro y vino caro al alcance de cualquiera aunque viva diez pueblos más allá de sus posibilidades. Delibes se va cuando ha visto y retratado como nadie cómo la España dura de patirroja brava se ha convertido en la de la gallinácea de granja, de hábitos previsibles y de escasa resistencia, pero de mayor comodidad para todos. De la España feroz e ilusionada por salir adelante se ha pasado a la insulsa, hasta hace poco muy preocupada por el dinero fácil y ahora acojonada por un futuro incierto que afronta con la misma vacuidad que representa nuestra clase política. Faltan Quirces en una España en la que de pronto todos somos o Paco el Bajo en su pobreza controlada o el señorito Iván venido a menos después de tiempos mejores. Falta rebeldía en los políticos, en los intelectuales, en los empresarios, en los jóvenes, en los educadores. Falta una rebeldía real, no de café con leche, no de pose, no enjaulada por clichés o intereses. Delibes fue ejemplo de intelectual independiente y comprometido, y eso supone bravura, frescura. Como él fue, como es la perdiz silvestre, hay que ser capaz de saltar de una mata de pronto provocando la sorpresa y ganar la mano del cazador con velocidad y astucia, sorteando censuras y escopetas, aun con el paisaje en contra. Es un método que no tiene nada que ver con el del ave aquerenciada y previsible siempre pendiente del pesebre con más pienso, reflejo de lo que es la mediocre clase pensante actual, al menos la que cuenta. Por eso, la marcha de Delibes es aún más grave de lo que ya de por sí supone la pérdida de un enorme intelectual, de un artesano del idioma. Me pregunto quién está recogiendo el testigo de aquellos que como él lucharon en silencio pero con bravura para hacer de este mundo un lugar más habitable sin dejar de mirar al pasado, como hacía Delibes, el bravo. Buena caza amigo.


