El color del cristal con que se mira

Cambiar el proceso por el que experimentamos la realidad es más valioso que la experiencia

pepe Cabello | Actualizado 20.10.2013 - 01:00
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Hace unos años estaba en un festival de cante flamenco retransmitiéndolo para una emisora de radio y en uno de los descansos fui a la barra del bar a pedirnos unos refrescos. Juan, mi compañero, agarró un botijo para beber agua a chorro. No pude resistir hacerle la broma de meter mi dedo entre el agua y su boca, lo que propició que él se llenara la cara de agua y que hiciera un brusco movimiento para bajar el recipiente de barro, que chocó tan fuerte con la barra que se quebró en varios pedazos, mojando a un tipo que estaba junto a nosotros. Nos quedamos muy perplejos, esperando una reacción violenta por parte de este señor, pero nada más lejos de la realidad, sonrió y dijo: "me ha venido genial, tenía una calor tremenda". Establecimos una pequeña conversación con él y nos habló de la importancia de una buena actitud, es decir de percibir las cosas de manera diferente para así, experimentar cosas diferentes. Al rato, quisimos entrar a los camerinos para entrevistar a uno de los artistas que actuaban aquella noche en Montilla y resulto que aquel tipo era una de las personas claves para poder acceder al camerino de Camarón, con quien estuvimos hablando y pudimos hacer un excelente trabajo para la emisora.

"Nada es verdad ni mentira, todo depende del color con que se mira", dice un adagio que todos hemos escuchado. Aprender a mirar las cosas con cristales diferentes alterará la manera que miramos y en consecuencia lo que vemos.

Si estudiamos a alguien que ha sido capaz de superar un hecho traumático en su vida, podremos darnos cuenta de que lo que realmente ha cambiado no es el hecho en sí mismo, sino la manera en que lo mira y procesa la información.

Todos recordamos al ciclista Lance Armstrong, a quien con 25 le diagnosticaron un cáncer testicular que se estaba extendido en sus pulmones. Leyendo su libro autobiográfico Mi vuelta a la vida, uno descubre cómo el deportista norteamericano afrontó la enfermedad dándole en un principio una reinterpretación muy distinta a lo que muchos otros enfermos han hecho. No quiero con esto asegurar de manera alguna que si una persona cree que no va a morirse, esto no va a ocurrir, pero lo que si estoy asegurando es que las posibilidades de fallecer aumentan en el momento en que una persona acepta que ya no hay motivos por los que luchar o simplemente ya se ve muerto. El significado que Armstrong dio a su enfermedad años más tarde quedó resumido en una ronda declaración: "La verdad es que el cáncer es lo mejor que me ha pasado en la vida"

Nuestras experiencias y su significado, bueno o malo, placentero o doloroso, son el resultado de una representación interna de una mezcla de sensaciones generadas por los cinco sentidos. A esta mezcla de sensaciones se le denomina proceso. La historia que nos ocurre, un evento traumático como el de Armstrong por ejemplo, es el contenido, pero lo que a menudo nos afecta, no es lo que nos ocurre si no cómo nos lo representamos. De ahí que a personas con el mismo evento, se les encuentra reacciones diferentes, según se lo representan. Expresiones metafóricas como cambiarle el color a las cosas, tienen una interpretación literal en nuestras representaciones internas. En realidad, sí le cambiamos el color con el que miramos las cosas estamos cambiando el proceso y en consecuencia el resultado.

¿Puedes cambiar el hecho de que la mujer o el hombre que amas no te corresponda o te sea infiel? ¿Puedes cambiar el hecho de que alguien a quien aprecias se muera? ¿Puedes cambiar el hecho de que tu primer intento como empresario haya terminado en un fracaso? La respuesta a estas preguntas es que el pasado se puede olvidar o mejor dicho obviar y no darle la relevancia que le dábamos cuando nos producía dolor, pero no cambiar. Y a veces, tratar de olvidar se convierte en un recordar para siempre. La mejor solución es pues, cambiar cómo nos lo representamos, modificando de esta manera, el cómo nos sentimos ante un evento determinado, es decir, contarnos una historia diferente a la que me cuento para producir emociones y sensaciones negativas y crear en nuestra mente imágenes y representaciones distintas.

Cuando preguntamos ¿por qué? estamos enfocándonos al contenido lo que a menudo resulta inútil y desalentador. Para enfocarnos al proceso, tenemos que preguntar fundamentalmente ¿cómo? Y para enfocar en salidas exitosas, la pregunta debe ser ¿para qué?

Definitivamente siempre es fascinante pensar que podemos sobreponernos a nuestros fracasos y cambiar cómo nos sentimos, si somos capaces de cambiar cómo nos lo representábamos internamente y cambiar el color de nuestros cristales.
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