la tribuna

Paraguas

Salvador Gutiérrez Solís | Actualizado 01.10.2012 - 01:00
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EL paraguas se encuentra de plena actualidad, más que nunca. Como concepto, como objeto, como metáfora, como ilusión, como protección; TT en las redes sociales sin clave ni contraseña, TT emocional y real, cómo si las emociones no fueran reales, las más reales. El paraguas que nos anuncia que ha llegado el otoño con sus lluvias -qué llueva, qué llueva- y sus árboles pelones, el paraguas que nos acoge y protege, que se comporta como una burbuja -no inmobiliaria- y nos resguarda de las inclemencias del exterior -cada vez más inclementes y canallas-. Y ese paraguas, con su silueta adherida, que golpea nuestras ventanas y puertas, corazones y ojos, para pedirnos, con buenos modos y voz dulce, que dejemos entrar la poesía en nuestras vidas -una temporadita, por lo menos, al año-. Sí, ha llegado nuevamente Cosmopoética. Y yo me alegro de su llegada este otoño muy especialmente.

En este tiempo de recortes y amputaciones, de cuestionar permanentemente lo que hemos conocido como Estado de Bienestar -y que acabará llamándose, si nadie lo remedia, Bienestuvo (gracias Silvia por la contribución)-, de vaticinar un inmediato futuro atroz y encanijado -cómo se puede proclamar con tanta facilidad que nuestros hijos vivirán peor-, es de agradecer que Cosmopoética celebre una nueva edición, bajo la dirección de Joaquín Pérez Azaústre. La metáfora o la definición real del paraguas alcanzan su mayor dimensión ahora, en Córdoba, al menos queda una burbuja en la que poder seguir respirando -aire no viciado, incluso con oxígeno puro.

Tras el batacazo de la Capitalidad Cultural hace ya un año largo, batacazo más que anunciado y casi premeditado, por otra parte, para qué nos vamos a engañar, y unido a esta oleada indiscriminada de recortes, amputaciones y demás tajos, temí que llegará el páramo, el desierto, la nada, en todo lo relativo a la Cultura, a nuestra ciudad. Mantengo lo que repetí tantas y tantas veces, lo importante no era la meta, la distinción, la leyenda en la entrada -en el arcén de la autovía-, era el camino, y en algunas cosas, reconozcamos lo positivo, aunque seamos cordobeses -y nos cuesten estos ejercicios-, hicimos parte de ese camino.

Cosmopoética, junto a otras iniciativas, bien en forma de ladrillos o bien bajo el envoltorio de un evento concreto, es pieza fundamental de ese camino, que debemos seguir recorriendo, porque el premio o la distinción es más sociedad, más cultura, más Córdoba, en definitiva. Austeridad, sí, siempre, no creo que sea necesario que se produzca una situación económica complicada para que se practique con lógica y rigor. Recortes, depende.

En Educación, no, en Bienestar Social, no, en Salud, no, en Cultura, no. Determinados recortes esconden una reducción de nuestros derechos, pero también una reducción drástica de nuestras posibilidades, sobre todo cuando se llevan a cabo en materias como Educación y Cultura. Sin olvidarnos, siempre se olvidan de contárnoslo, que muchos recortes son directos responsables del aumento del desempleo. Y en este sentido, las industrias culturales siempre son las más indefensas, las primeras que sufren las consecuencias de presupuestos reduccionistas.

Cuando el paraguas toma las calles de Córdoba no sólo es porque ha llegado la deseada y más que nunca necesaria lluvia, bienvenida coincidencia en esta ocasión, también porque es tiempo para la poesía. Y ahora más que nunca la necesitamos. Poemas en el autobús, en los colegios, para mayores, en la Red, poemas cantados y poemas a la luz de la Luna, poemas de poetas anónimos y poemas para los privados de libertad. Me encanta que se contradiga a la ya célebre canción -de Golpes Bajos-, son buenos tiempos para la poesía, hagamos que lo sean.

Recurramos a la metáfora de la imagen, el paraguas que nos protege de la que está cayendo -cómo cae-. Que ya quisiéramos todos que únicamente fuera agua, pero no, la poesía puede ser un magnífico antídoto. Celebremos que Cosmopoética nos visita de nuevo, toca disfrutarla con entusiasmo y energía del presente y despedirla, cuando toque, con un hasta luego de más que seguro regreso. Necesitamos que permanezca entre nosotros y que nos proteja con su paraguas -incluso cuando escampe.
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