Casquería y vísceras en tres dimensiones

C. C. | Actualizado 07.11.2009 - 05:00
Terror, EEUU, 2009, 82 min. Dirección: David R. Ellis. Guión: Eric Bress. Intérpretes: Bobby Campo, Shantel VanSanten, Nick Zano, Haley Webb, Mykelti Williamson, Krista Allen. Arcángel, Guadalquivir, El Tablero, Artesiete-Lucena.

La primera entrega de esta serie tuvo una cierta gracia, además de una correcta realización, por convertir en protagonista a una Muerte empeñada en cobrarse la deuda contraída con ella por unos chavales que la burlaron no cogiendo el avión en el que debían morir. Una suma de pequeñas coincidencias tejía en torno a cada uno de ellos una telaraña mortal de casualidades que al final los iba matando uno tras otro.

Esta última entrega calca el argumento -en esta ocasión se trata de un accidente durante una carrera automovilística- pero sin desarrollo argumental alguno. Tornillos que se aflojan, gasolina que se derrama, pequeños objetos que causan grandes catástrofes... Cacharrería provocando muertes atroces sin nexo argumental alguno. Es como si alguien rodara toda Psicosis en un cuarto de baño en el que, a través de una cámara fija, se viera a entrar a chicas para ser asesinadas mientras se duchan. Para colmo de males es en 3D, con lo que durante toda la película saltan hacia la pantalla sesos, vísceras, chorros de sangre, palos ensangrentados que han atravesado gargantas... Casquería en relieve. El cine involucionando, no hasta el terror en relieve de los años 50, sino hasta los espectáculos de los barracones de feria y el Grand Guignol, el teatro parisino del XIX especializado en representar horrores.
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