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Mira quién baila en el Gran Teatro
Mira quién baila en el Gran Teatro
Máximo Ortega | Actualizado 19.10.2008 - 05:00El Gran Teatro completó el aforo para la representación de Seis clases de baile en seis semanas, de Richard Alfieri, obra dividida en siete escenas donde Lily, una mujer de edad avanzada e ideas conservadoras, recibe clases particulares de baile en el salón de su casa impartidas por Michael, un bailarín retirado frívolo y descarado. A lo largo de las sesiones ambos establecerán una relación donde pasarán del insulto al halago, de la discusión a la conciliación, de la autoexclusión a la necesidad del contacto con otras personas y descubrirán que, pese a pertenecer a dos mundos totalmente opuestos, sus coincidencias son más de las que pensaban al principio, transformando su relación de conveniencia a voluntaria. El baile será el vehículo que los conduzca a convertirse en un solo cuerpo, en una comunión que los libera de prejuicios y soledad.
Los personajes interpretados por Lola Herrera y Juanjo Artero conectaron con el público, que recibió con agrado sus diálogos y momentos de comicidad con otros de tensión y dramatismo. Su complicidad en escena es propia de dos curtidos profesionales. Lola Herrera cuadra a la perfección un personaje que le viene a la medida y Juanjo Artero, pese a tener momentos de excesivo histrionismo dota a su papel la energía y presencia necesaria para dar la réplica a su compañera de reparto. Respecto a la obra podemos decir que su mensaje es claro y el vínculo que establecen sus personajes deriva a un final que coincide con el deseo del espectador y quizá previsible. Talvez no hubiesen hecho falta tantas clases de baile para contar esta historia.
Por último, me llama la atención que en el programa de mano, dentro de apartado dedicado al Cuadro Artístico Técnico, aparece como jefe de producción el nombre de Lope García Tamarit, conocido en Córdoba por su labor como gestor cultural. En su nueva andadura con Pentación le deseamos suerte y esperamos que haya aprendido de los errores que cometió en el pasado y el daño que hizo a los profesionales de esta ciudad.
Los personajes interpretados por Lola Herrera y Juanjo Artero conectaron con el público, que recibió con agrado sus diálogos y momentos de comicidad con otros de tensión y dramatismo. Su complicidad en escena es propia de dos curtidos profesionales. Lola Herrera cuadra a la perfección un personaje que le viene a la medida y Juanjo Artero, pese a tener momentos de excesivo histrionismo dota a su papel la energía y presencia necesaria para dar la réplica a su compañera de reparto. Respecto a la obra podemos decir que su mensaje es claro y el vínculo que establecen sus personajes deriva a un final que coincide con el deseo del espectador y quizá previsible. Talvez no hubiesen hecho falta tantas clases de baile para contar esta historia.
Por último, me llama la atención que en el programa de mano, dentro de apartado dedicado al Cuadro Artístico Técnico, aparece como jefe de producción el nombre de Lope García Tamarit, conocido en Córdoba por su labor como gestor cultural. En su nueva andadura con Pentación le deseamos suerte y esperamos que haya aprendido de los errores que cometió en el pasado y el daño que hizo a los profesionales de esta ciudad.
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