La fiesta dice hasta luego con la perspectiva de los cambios

Miles de personas, tanto de la capital como de la provincia, acuden a El Arenal la última jornada de la Feria de la Salud, para celebrar comidas entre amigos · El calor fue uno de los auténticos protagonistas del día

Lourdes Chaparro | Actualizado 31.05.2009 - 09:22
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Último día y las mismas ganas que hace algo más de una semana. El Arenal vivió ayer uno de esos días que muchos guardarán en la memoria hasta el año que viene. Se acabó la Feria. Antes de que los fuegos artificiales anunciasen la última noche de la Feria de Nuestra Señora de la Salud, el recinto acogió a miles de personas que quisieron dar su correspondiente despedida (cientos de miles durante todos estos días). Comidas entre amigos, entre familiares, entre compañeros de trabajo. La excusa era única. La misma para todos.
Las últimas sevillanas hasta mayo de 2010 en El Arenal, la última rumbita, el último rebujito, la última cerveza, el último paseo por la calle del Infierno o el último paseo a caballo sobre el albero, que ayer quemaba los pies y por el que a media tarde no dejaba de pasar gente deseosa de entregarse a la fiesta.
El Arenal cerró ayer sus puertas invisibles y dijo adiós a una Feria en la que el botellón, por mucho que el Ayuntamiento ñp negase, ha estado presente todos los días. En una Feria, en la que siete personas han resultado intoxicadas en una de sus casetas. En una fiesta en la que se han tenido que apercibir a casi una decena de carpas y en una Feria en la que, sin duda, ha reinado el buen rollo con el, al parecer ubicuo, estrenado alcalde, Andrés Ocaña.
Sin duda, esa apertura a todo el mundo es una de las bondades de estos días de fiesta en Córdoba, que hacen que hasta la Feria lleguen turistas de numerosos partes de España. Como Antonio Castro e Isaac Díaz, dos jóvenes arquitectos madrileños que ayer no dudaron en coger un AVE desde Atocha y plantarse a primera hora del mediodía en El Arenal para disfrutar de una jornada de  celebración. “Hemos venido porque un compañero de trabajo vino el fin de semana pasado y nos convenció”, aseguró Castro, al tiempo que no quitaba ojo a la portada, en un intento de contar todos los arcos.
Desde Madrid también llegaron los primos de Pedro Paredes, un cordobés de 34 años que, curiosamente, sólo acude a la Feria el último sábado de la misma. “Mis primos viven en Madrid, aunque son de Córdoba y hace un par de año establecimos que hoy –por ayer– era el mejor día para que vinieran”, describió el joven, entre abrazo y abrazo. Es lo que tiene la Feria, que sirve de excusa de reunión a las familias desperdigadas aunque sea por unas horas.
Junto a los turistas, El Arenal también dio cabida a cientos de personas de los municipios de la provincia. Parece que el último día de Feria en la capital es el suyo. Miguel y, su mujer, Manuela, son de Baena y desde hace “muchos años” pasan el último sábado grande de mayo en la Feria de Córdoba. “Venimos siempre, comemos en alguna caseta y a última hora de la tarde nos volvemos”, detalló Manuela. Por el albero también estuvo el alcalde de Cañete de Torres, Diego Hita, acompañado por algún que otro concejal.
Además de los turistas, quienes no faltan a esta cita son los propios cordobeses, que apuran las últimas horas festivas para entregarse en El Arenal. El punto de partida, la inmensa portada, que ayer bien sirvió para protegerse del sol durante la tarde. El punto de encuentro para muchos y de despedida para otros, que cruzan sus caminos. Y es que, a media tarde muchas familias, con hijos pequeños, volvían de regreso después de una jornada agotadora. Pero mientras ellos regresaban, otros, en su mayoría jóvenes, se perdían en El Arenal hasta que el cuerpo aguantara. Así las cosas, los grupos de amigos y amigas tampoco faltaron este último gran día que puso fin a diez días de intensa y continua fiesta en Córdoba. Tampoco compañeros de despedidas de soltero o de soltera, a las que acudieron vestidos desde gitanas, ellos, hasta de vaquerase, ellas, para celebrar sus próximos enlaces.
Vestidas de gitana, Laura Gómez y María Torres preparaban su desembarco en la Feria. “Primero iremos a la caseta de Amigos de la UCO, que hemos quedado con unos compañeros de clase”, explicó, quien reconocía que el itinerario previsto se quedaba allí, ya que “no sabemos dónde acabaremos”. Lo que estados dos jóvenes si tenían claro sobre las 15:30 era que “no vamos a volver a casa por la noche ni para cambiarnos, aquí estaremos hasta que no podamos más porque también queremos ver los cohetes”, sentenciaba.
A pesar de la intención de estas dos jóvenes, el relevo de público en El Arenal no se hizo esperar. A eso de las 21:00 la imagen de las casetas no era la misma que al mediodía, repletas de gente, ni tampoco de la calle del Infierno, hasta arriba de público ansioso por subirse a cualquier atracción; el cansancio acumulado o el calor, a veces, insoportable, fueron los culpables. Muchos optaban por retirarse a tiempo.
Probablemente, esta será la última Feria tal y como la hemos conocido. El año próximo deberían entrar en vigor unas nuevas bases que organicen de manera distinta todo el proceso de montaje y gestión de las casetas. No se solventarán problemas como el botellón, claramente sociológicos, aunque existen tensiones para crear un grupo de recintos más reducidos, privados. Será otra Feria. Y, además, distinta.
Córdoba - Mayo festivo

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