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El Arenal, 15 molestos años
El Arenal, 15 molestos años
La efemérides recuerda las carencias del recinto que ha dado poco recorrido · El Consistorio lleva sólo un par de ejercicios sin introducir mejoras al espacio
Rafael Ruiz , Córdoba | Actualizado 25.05.2009 - 13:17No habrá recordatorio oficial -al menos, no se ha anunciado- pero El Arenal cumple durante esta Feria sus 15 años de servicio. Un día como ayer, 22 de mayo, el Ayuntamiento daba el pistoletazo de salida al entierro de la antigua y añorada Feria del Paseo de la Victoria y trasladaba la ciudad efímera a un páramo generado en torno al Nuevo Arcángel en forma de abanico. El gobierno municipal de Herminio Trigo se volcó con aquella medida, poniendo a su cargo a un comisario -el empresario Antonio Rodríguez Carretero- y fomentando otro tipo de fiesta, de puertas abiertas, sin casetas privadas, que no obligase a paralizar la ciudad.
Las bondades de la mudanza han quedado matizadas por las carencias del recinto. Lo saben bien todos los concejales de Infraestructuras hasta la fecha. Los distintos gobiernos municipales han tenido que gastar dinero para mejorar o, incluso, crear infraestructuras básicas para el desarrollo de la fiesta, que no fueron incluidas en el proyecto. Sólo desde hace un par de años se ha frenado esa incesante tarea de trabajos en la zona, explica el delegado de Infraestructuras, Francisco Cárdenas. Antes, se modificaron calles, se crearon infraestructuras eléctricas, de saneamiento o de recogida de aguas pluviales, cuya ausencia obligó a tirar tantos zapatos y tantos pantalones.
El Arenal tuvo una Feria del polvo (se intentó solucionar con un tratamiento químico sobre el albero), de barro y de riadas de agua. Los amantes de esta fiesta han aguantado apagones, inundaciones, estructuras débiles y, ya en la última etapa, una mutación de una fiesta popular, que ha devenido en un lugar sólo apto para menores de 25 años. El botellón, en fin, sólo necesita bolsas, alcohol y un páramo.
Tal fue el interés del gobierno municipal hace 15 años por que la mudanza a El Arenal fuese efectiva que se forzó el cierre de establecimientos -el antiguo quiosco de zumos del pasaje de Puerta Gallegos, por ejemplo- para que no hubiera más remedio que bajar al río a echar unas copas. Toda entidad o asociación que existiese en Córdoba montó caseta en aquella Feria, donde el espacio -y no como en La Victoria- nunca ha sido un problema. La realidad, con el tiempo, se ha mostrado terca. La mayor parte de los pioneros no están. Curioso es el ejemplo de las asociaciones de vecinos, donde quedan contadas con los dedos de una mano. La propia Federación, según explica su presidente José Rojas, ha decidido no estar este año. Montar una caseta cuesta un dinero y la subcontrata de la barra ya no garantiza la cobertura de costes.
El Arenal nunca fue un sitio agradable. Por la tarde, y si el sol aprieta, se parece al desierto del Sáhara. La razón es de la vegetación. El Ayuntamiento explicó en su momento que la peculiar composición del suelo del recinto (relleno de escombros) ha impedido que crezca vegetación. Y cuando ha crecido lo ha hecho donde no debía. Muchas han sido las demandas de los responsables de las casetas que tenían que montar sus estructuras sorteando naranjos enanos, que adornan más bien poco pero molestan un montón. La solución final de una tala masiva ha sido progresivamente aplazada año tras año.
Y los servicios, ay. Hubo un tiempo en el que había aparcamiento en el ferial. Ahora, el único que queda es el de los coches oficiales, el de las caravanas de los feriantes y el de las motocicletas debido a la progresiva urbanización del entorno. Al principio, todavía era posible dejar el coche -jungándose el tipo, eso sí- en el actual parque de Miraflores o en los terrenos del hoy llamado Balcón del Guadalquivir. Poco a poco, el espacio para servicios anexos se ha ido acortando. El Ayuntamiento, que siempre piensa en el bien común, explica que en realidad lo que hay que hacer es usar el transporte público. Mal consejo ese si el usuario va a la Feria en hora punta, procede de una barriada periférica o se desplaza desde algún municipio de la provincia.
Las bondades de la mudanza han quedado matizadas por las carencias del recinto. Lo saben bien todos los concejales de Infraestructuras hasta la fecha. Los distintos gobiernos municipales han tenido que gastar dinero para mejorar o, incluso, crear infraestructuras básicas para el desarrollo de la fiesta, que no fueron incluidas en el proyecto. Sólo desde hace un par de años se ha frenado esa incesante tarea de trabajos en la zona, explica el delegado de Infraestructuras, Francisco Cárdenas. Antes, se modificaron calles, se crearon infraestructuras eléctricas, de saneamiento o de recogida de aguas pluviales, cuya ausencia obligó a tirar tantos zapatos y tantos pantalones.
El Arenal tuvo una Feria del polvo (se intentó solucionar con un tratamiento químico sobre el albero), de barro y de riadas de agua. Los amantes de esta fiesta han aguantado apagones, inundaciones, estructuras débiles y, ya en la última etapa, una mutación de una fiesta popular, que ha devenido en un lugar sólo apto para menores de 25 años. El botellón, en fin, sólo necesita bolsas, alcohol y un páramo.
Tal fue el interés del gobierno municipal hace 15 años por que la mudanza a El Arenal fuese efectiva que se forzó el cierre de establecimientos -el antiguo quiosco de zumos del pasaje de Puerta Gallegos, por ejemplo- para que no hubiera más remedio que bajar al río a echar unas copas. Toda entidad o asociación que existiese en Córdoba montó caseta en aquella Feria, donde el espacio -y no como en La Victoria- nunca ha sido un problema. La realidad, con el tiempo, se ha mostrado terca. La mayor parte de los pioneros no están. Curioso es el ejemplo de las asociaciones de vecinos, donde quedan contadas con los dedos de una mano. La propia Federación, según explica su presidente José Rojas, ha decidido no estar este año. Montar una caseta cuesta un dinero y la subcontrata de la barra ya no garantiza la cobertura de costes.
El Arenal nunca fue un sitio agradable. Por la tarde, y si el sol aprieta, se parece al desierto del Sáhara. La razón es de la vegetación. El Ayuntamiento explicó en su momento que la peculiar composición del suelo del recinto (relleno de escombros) ha impedido que crezca vegetación. Y cuando ha crecido lo ha hecho donde no debía. Muchas han sido las demandas de los responsables de las casetas que tenían que montar sus estructuras sorteando naranjos enanos, que adornan más bien poco pero molestan un montón. La solución final de una tala masiva ha sido progresivamente aplazada año tras año.
Y los servicios, ay. Hubo un tiempo en el que había aparcamiento en el ferial. Ahora, el único que queda es el de los coches oficiales, el de las caravanas de los feriantes y el de las motocicletas debido a la progresiva urbanización del entorno. Al principio, todavía era posible dejar el coche -jungándose el tipo, eso sí- en el actual parque de Miraflores o en los terrenos del hoy llamado Balcón del Guadalquivir. Poco a poco, el espacio para servicios anexos se ha ido acortando. El Ayuntamiento, que siempre piensa en el bien común, explica que en realidad lo que hay que hacer es usar el transporte público. Mal consejo ese si el usuario va a la Feria en hora punta, procede de una barriada periférica o se desplaza desde algún municipio de la provincia.
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