Bailes "amarrados" a la estirpe

Farruquito y Karime Amaya evocan en Londres el legado de sus dos sagas familiares con 'Abolengo'. Juan Carlos Lérida impulsa 'Tapeos', la programación paralela del Flamenco Festival.

Francisco Camero / Londres | Actualizado 18.03.2013 - 08:10
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Farruquito ante un inmenso reloj en un pase previo de 'Abolengo'.

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Uno no está entendiendo el flamenco, en qué consiste, cómo te invita a ver la vida, si no agradece a sus mayores "el esfuerzo que hicieron, en tiempos tan difíciles, para que el flamenco estuviese en un buen sitio", si equivoca tanto el camino que de repente no se sabe ya ni "de dónde se venía". Esto sostiene Juan Manuel Fernández Montoya, Farruquito, nieto de Farruco, hijo de la Farruca, que no se ha olvidado nunca -salvo algunos ratos, ya dejados atrás, "porque también soy joven, y he cometido el error a veces de ir un poco a la moda"- de "la verdad de los genes".

Como no lo olvida, y como decidió "amarrarse a esa fidelidad", Farruquito decidió homenajear a su clan, y el tributo, titulado más que elocuentemente Abolengo, se volvió doble cuando se sumó al montaje Karime Amaya, sobrina nieta de Carmen Amaya. Este espectáculo "actual, porque está hecho hoy", pero que intenta no obstante "conservar la manera de bailar de antes, que al parecer se está perdiendo", es lo que presentó ayer el sevillano junto a la bailaora nacida en México - que enamoró literalmente al público inglés-, cada uno representando a una estirpe, en el teatro Sadler's Wells de Londres dentro de la décima edición del Flamenco Festival.

Para regocijo del auditorio -que volvió a abarrotar el recinto y al que el bailaor sevillano agredeció su entusiasmo con un breve discurso en inglés-, ambos bailaron una nana, "el origen, porque así empezamos los gitanos, mientras la madre te amamanta y va cantando"; una zambra libérrima; vertiginosos bailes por alegrías, un guiño de Farruquito a su abuelo; jaleos, por la importancia para toda la saga del sevillano de los cantes extremeños; o soleás (ella por bulería para evocar el aire de Jerez, él soleá-soleá como una manera de reconocer el magisterio de Tomás Pavón o Chocolate), antes del trepidante fin de fiesta.

"Es muy bonito que los jóvenes tengan abiertas las puertas de los teatros", declaraba la víspera el bailaor, recién aterrizado en Londres, a propósito de la situación "mucho más cómoda" de ellos en comparación con la que tuvieron sus antepasados. "Pero también hay que tener cuidado", matizaba inmediatamente. "Porque no todo el mundo está vendiendo el flamenco con verdad, hay muchas cosas a las que se les llama flamenco y no lo son; no lo digo yo, es que es evidente. Parece que hoy todo vale, y no debería ser así, nunca debería ser así".

"Yo creo que el flamenco se encuentra en un momento de metamorfosis y al final habrá quien salga rana y quien de gusano se convierta en mariposa, ¿verdad? Hay muchos que hacen ese tipo de flamenco porque es lo que les gusta, porque es lo que se les da bien, lo que les motiva, y es respetable, eh, pero cansa que cuanto más raro, más moderno y más sublime eres. Porque no es así. Y al final la gente se dará cuenta de que las modas son pasajeras y lo clásico perdura".

"Yo no trato de luchar contra eso, pero lo digo porque en las entrevistas hay que decir lo que uno piensa, ¿no? Igual que yo leo muchas barbaridades que se dicen sobre el flamenco en otras. Hay muchísimos impostores, siempre los ha habido, pero hoy también, y esto hay que decirlo, y si lo dijeran más compañeros míos el público podría comprender que no es oro todo lo que reluce. Yo, que todavía estoy aprendiendo a aprender, creo que hay gente que hace daño al flamenco porque venden algo que es mentira".

Su voz, su tono, suaves, delicados, atenúan algo el fondo agrio del discurso. Ocurre, dice, que le importa y le duele el flamenco, porque es su vida. "Gracias a él -asegura- yo he aprendido muchísimas cosas de la vida. A no perder el norte, a no preocuparme tanto de dónde voy a llegar sino de dónde vengo, a encontrar mi centro. Además, de pequeño me costaba mucho expresarme, compartir mi verdadero yo con los demás, y hoy es lo que más me gusta. Conocer gente, compartir, aprender de todos, eso me lo ha enseñado el flamenco".

Tapeos jondos

Al ayer, al hoy y a lo que está por venir, todo eso quiere abarcar la mirada al flamenco del festival londinense, que por este motivo ha creado este año, a modo de programación paralela, o más bien, nunca mejor dicho, de aperitivo, una sección llamada Tapeos. Impulsada por el Mercat de les Flors barcelonés, donde se celebra desde 2008, e ideada, dirigida y encuadrada dentro de su proyecto Flamenco Empírico por el bailaor y coreógrafo Juan Carlos Lérida, la iniciativa busca integrar en la actividad del festival a compañías locales inglesas o residentes en Reino Unido. Este año, varias jóvenes compañías o artistas, británicas, griegas y una formada por españoles pero radicada de forma permanente en Londres, participan en el ciclo, que muestra gratuitamente, una hora antes de los espectáculos de pago, pequeñas piezas de 10 minutos de duración en la primera planta del Sadler's Wells. "El formato mismo invita a ser atrevidos, a jugar más", dice Lérida, convencido de que "los bailaores ya hemos hecho nuestra revolución al mirar a la danza contemporánea", por lo que ahora toca, para ampliar el campo, para ver qué surge de ese roce, "que los bailarines de fuera y los de danza contemporánea se acerquen al flamenco", y ésa es justamente la razón de ser de este ciclo que tiene mucho, también, de laboratorio abierto al work in progress.
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