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Esta película no tuvo final feliz
Intersector del Campeonato de España juvenil
Esta película no tuvo final feliz
José Carlos León / Córdoba | Actualizado 28.04.2008 - 05:02Esta vez no hubo final feliz para el Cajasur, porque todas las películas no tienen un guión de Walt Disney. El deporte es una trágica dicotomía entre la euforia y la tristeza, y ayer la moneda cayó de cruz para los jugadores granates, que lloraban hundidos mientras que en el otro extremo de la pista, el Leganés celebraba su triunfo tras una cruenta batalla de 60 minutos. Así de dura es la vida.
Porque el Cajasur perdió la oportunidad de meterse en la fase final del Campeonato de España cuando todo estaba a su favor. Tras los paseos militares en las dos primeras jornadas, todo estaba listo para cerrar la fiesta ante el Leganés. Había incluso cierta confianza en el vestuario granate por la superioridad sobre un equipo muy cortito, con jugadores gorditos y unas camisetas dignas de la Polonia de Lato, pero comandado por dos excepcionales talentos como Herrero y Del Arco.
Todo el castillo de naipes se cayó en apenas cinco minutos, los que tardó el Leganés en demostrarle al Cajasur que no iba a ser el invitado de piedra en su fiesta. Los madrileños se parapetaron en una tupida defensa 6-0 que maniató el ataque granate, y se encomendó a la calidad de Del Arco para empezar a marcar diferencias. Agarrotados, contrariados por un arranque que no entraba en el guión, los jugadores de Pepe Morales se encontraron con un escenario para el que no estaban preparados y el técnico tuvo que cortar la sangría con un tiempo muerto en el minuto 14 (3-8).
Por primera vez en la temporada, el Cajasur se sintió débil, superado por los acontecimientos. El Leganés encontraba los mil huecos que dejaba la defensa granate, y aunque Morales ordenó una mixta con Jesús Martínez como sombra de Del Arco, la diferencia seguía aumentando (6-13, min. 23). Un parcial 3-0 dio algo de vida al Cajasur, pero el gran problema seguía estando atrás. El 9-15 con el que se llegó al descanso dibujaba una pesadilla de difícil solución.
Y todo empeoró cuando un pésimo arranque en la segunda parte amplió el marcador hasta el 9-18 con el que el Leganés selló su máxima ventaja. El banquillo granate era un poema y las caras reflejaban toda la impotencia del que se siente perdedor.
Entonces llegó el punto de inflexión del partido. Del Arco se llevó un golpe que le hizo perder el conocimiento. La estrella del Leganés se marchó inconsciente al banquillo dejando a su equipo perdido, sin líder, sin referencia en la pista. En ese momento, el Cajasur perdía 14-21 (min. 42), pero los rostros cambiaron.
Los granates subieron su nivel defensivo, rozando en ocasiones la violencia, y los madrileños empezaron a dudar, a sentir el miedo a ganar. Gol a gol, con Carlos Molina como estilete, la diferencia fue menguando hasta que, tras desperdiciar dos bolas, el Cajasur logró el empate a 24 a falta de nueve minutos para el final. Había hecho lo más difícil.
Pero entonces volvió Del Arco. Sin él en la pista, el Leganés encajó un parcial 10-3, pero su simple presencia cambió la cara de sus compañeros, que volvieron a creer en sus opciones ante un Cajasur excesivamente acelerado.
El partido era un manojo de nervios, una moneda al aire que caería del lado del que mejor templara las pasiones. Al Cajasur le valía el empate y, tras el gol del Leganés, tuvo 14 segundos para sellar su pasaporte, pero Carlos Molina falló la última bola, ésa que sólo yerra el que la tira. Esta vez, la película no tuvo final feliz.
Porque el Cajasur perdió la oportunidad de meterse en la fase final del Campeonato de España cuando todo estaba a su favor. Tras los paseos militares en las dos primeras jornadas, todo estaba listo para cerrar la fiesta ante el Leganés. Había incluso cierta confianza en el vestuario granate por la superioridad sobre un equipo muy cortito, con jugadores gorditos y unas camisetas dignas de la Polonia de Lato, pero comandado por dos excepcionales talentos como Herrero y Del Arco.
Todo el castillo de naipes se cayó en apenas cinco minutos, los que tardó el Leganés en demostrarle al Cajasur que no iba a ser el invitado de piedra en su fiesta. Los madrileños se parapetaron en una tupida defensa 6-0 que maniató el ataque granate, y se encomendó a la calidad de Del Arco para empezar a marcar diferencias. Agarrotados, contrariados por un arranque que no entraba en el guión, los jugadores de Pepe Morales se encontraron con un escenario para el que no estaban preparados y el técnico tuvo que cortar la sangría con un tiempo muerto en el minuto 14 (3-8).
Por primera vez en la temporada, el Cajasur se sintió débil, superado por los acontecimientos. El Leganés encontraba los mil huecos que dejaba la defensa granate, y aunque Morales ordenó una mixta con Jesús Martínez como sombra de Del Arco, la diferencia seguía aumentando (6-13, min. 23). Un parcial 3-0 dio algo de vida al Cajasur, pero el gran problema seguía estando atrás. El 9-15 con el que se llegó al descanso dibujaba una pesadilla de difícil solución.
Y todo empeoró cuando un pésimo arranque en la segunda parte amplió el marcador hasta el 9-18 con el que el Leganés selló su máxima ventaja. El banquillo granate era un poema y las caras reflejaban toda la impotencia del que se siente perdedor.
Entonces llegó el punto de inflexión del partido. Del Arco se llevó un golpe que le hizo perder el conocimiento. La estrella del Leganés se marchó inconsciente al banquillo dejando a su equipo perdido, sin líder, sin referencia en la pista. En ese momento, el Cajasur perdía 14-21 (min. 42), pero los rostros cambiaron.
Los granates subieron su nivel defensivo, rozando en ocasiones la violencia, y los madrileños empezaron a dudar, a sentir el miedo a ganar. Gol a gol, con Carlos Molina como estilete, la diferencia fue menguando hasta que, tras desperdiciar dos bolas, el Cajasur logró el empate a 24 a falta de nueve minutos para el final. Había hecho lo más difícil.
Pero entonces volvió Del Arco. Sin él en la pista, el Leganés encajó un parcial 10-3, pero su simple presencia cambió la cara de sus compañeros, que volvieron a creer en sus opciones ante un Cajasur excesivamente acelerado.
El partido era un manojo de nervios, una moneda al aire que caería del lado del que mejor templara las pasiones. Al Cajasur le valía el empate y, tras el gol del Leganés, tuvo 14 segundos para sellar su pasaporte, pero Carlos Molina falló la última bola, ésa que sólo yerra el que la tira. Esta vez, la película no tuvo final feliz.
GALERÍA GRÁFICA
Las imágenes del Almería-Córdoba
Lucas Alcaraz le ganó la partida a Paco Jémez como más duele, a balón parado y en el descuento. La estrategia de Lucas (2-1).






