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Un clásico al otro lado del Guadalquivir
Un clásico al otro lado del Guadalquivir
El bar Miguelito cumple 65 años con una carta en la que destacan las frituras y sus recetas de riñonesl campo de la verdad El negocio marcaba el final de la ciudad y dio de comer en sus inicios a toreros y artistas flamencos de paso por Córdoba.
Á. R. | Actualizado 20.06.2010 - 01:00El éxito de sus frituras hace muchos años que rebasó los límites del Campo de la Verdad, entre otros motivos, por la promoción que en su día hicieron toreros, cantaores y artistas flamencos. El bar Miguelito, ubicado en la calle Acera Pintada, festeja su 65 aniversario. Durante sus primeras décadas de funcionamiento, marcó el límite de la ciudad y alumbraba el camino de quienes recorrían la antigua carretera a Cádiz: "El negocio no cerraba ni por la noche. De madrugada paraban los artistas que pasaban por Córdoba, mi abuelo estaba pendientes de ponerles de comer", recuerda Francisco Cano, la tercera generación de propietarios.
Su abuelo no era Miguel, pero decidió dejar el nombre que el local tenía cuando lo adquirió -así se llamaba el hijo del primer dueño-. Y ya en aquella época, empezó a practicar las recetas que pronto lo hicieron conocido: "La especialidad siempre ha sido el pescado frito. Muchos clientes también vienen a comer los riñones al jerez o en brocheta y el buchón de merluza, una especie de flamenquín de pescado relleno de gambas en lugar de jamón", explica Cano. Conforme pasaron los años, el barrio creció alrededor del negocio y la carretera nacional se transformó en una avenida arbolada.
Lo que nunca ha cambiado es la idiosincracia del lugar: "Esta zona siempre ha sido de trabajadores y nuestra principal clientela son los vecinos", explica Cano. Aunque la peatonalización del Puente Romano ha supuesto la llegada al barrio de un buen número de turistas que exploran la orilla sur del Guadalquivir. También estos clientes fugaces disfrutan con especialidades como las gambas que periódicamente adquiere Cano en el Puerto de Santa María o su última incorporación a la carta, el bacalao a la castreña, que por algo su familia es de Castro del Río.
Y el tiempo ha confirmado que quien acude al Miguelito repite: "A veces vienen clientes, me saludan y me explican que su abuelo los trajo por primera vez hace mucho tiempo". Quien vuelve pasados los años, podrá comprobar que los sabores y la calidad se conservan como entonces.
Su abuelo no era Miguel, pero decidió dejar el nombre que el local tenía cuando lo adquirió -así se llamaba el hijo del primer dueño-. Y ya en aquella época, empezó a practicar las recetas que pronto lo hicieron conocido: "La especialidad siempre ha sido el pescado frito. Muchos clientes también vienen a comer los riñones al jerez o en brocheta y el buchón de merluza, una especie de flamenquín de pescado relleno de gambas en lugar de jamón", explica Cano. Conforme pasaron los años, el barrio creció alrededor del negocio y la carretera nacional se transformó en una avenida arbolada.
Lo que nunca ha cambiado es la idiosincracia del lugar: "Esta zona siempre ha sido de trabajadores y nuestra principal clientela son los vecinos", explica Cano. Aunque la peatonalización del Puente Romano ha supuesto la llegada al barrio de un buen número de turistas que exploran la orilla sur del Guadalquivir. También estos clientes fugaces disfrutan con especialidades como las gambas que periódicamente adquiere Cano en el Puerto de Santa María o su última incorporación a la carta, el bacalao a la castreña, que por algo su familia es de Castro del Río.
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