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Cuatro meses separados por miles de kilómetros
Cuatro meses separados por miles de kilómetros
Los 700 soldados de la Brimz X se encuentran ahora en casa con su familia tras completar su misión en Líbano
Gema N. Jiménez | Actualizado 08.02.2010 - 08:41Después de cuatro meses separados por 6.280 kilómetros, los 700 soldados pertenecientes a la Brimz Guzmán el Bueno X destinados a Líbano a cumplir la misión internacional de paz Libre Hidalgo vuelven de nuevo a hacer su día a día junto a sus familias. Su función en tierras libanesas se cumplió de forma satisfactoria, a pesar de que, como en cualquier actuación de este tipo, vivieron algunos momentos de tensión a causa del lanzamiento de cohetes sobre la zona israelí. Esto ya queda en el recuerdo y para todos ellos lo más importante en estos momentos es volver a disfrutar de los suyos y seguir trabajando por la seguridad de su país y del mundo. Uno de los primeros en regresar de la misión humanitaria fue el soldado de primera Lucas Sánchez, que llegó al aeropuerto de Sevilla el pasado 8 de diciembre. Su esposa Herminia Centeno asegura el reencuentro fue muy emocionante y siempre permanecerá en su recuerdo, así como todos los días de larga espera. "Es su trabajo y yo siempre lo respetaré porque sé que ésta es la vida de un militar, pero la distancia se lleva muy mal y los días se te hacen eternos", dice. Y es que si la misión de los soldados en tierras en conflicto es difícil, no menos dura es la tarea de las familias de seguir aquí con su vida normal. Uno de los motivos que llevaron a Lucas a Líbano fue el de conseguir un poco más de dinero para llevar a efecto la adopción de su futuro hijo. Tras su regreso tanto él como Herminia han vuelto a retomar el largo proceso administrativo y están inmersos en pleno papeleo. "Ya llevamos más de un año de trámites para conseguir adoptar a nuestro hijo, pero siempre hay que pensar que queda un día menos para estar con él; además, somos jóvenes y las prisas no son buenas", comenta Herminia con una sonrisa en la boca. No obstante, este soldado de primera no duda en volver a embarcarse en una nueva misión, una decisión que su mujer siempre respetará.
Lo mismo le ocurre a Pilar Madueño. Tanto ella como sus dos hijos no se separan ni un solo segundo del cabo de primera Francisco José Calero. Su regreso coincidió con Navidad, ya que su avión aterrizó en la capital hispalense el pasado 21 de diciembre. Durante la misión humanitaria, los niños marcaban en el calendario cada uno de los días que quedaban para volver a ver su padre y finalmente, después de una larga espera ese día llegó. "Tenerlo en casa es todo un alivio para mí porque además de que sabes que está a tantos kilómetros y en una misión militar, tenía que enfrentarme sola a todos los problemas que surgían, así como llevar para adelante la casa y los niños", afirma. Desde que Francisco José volvió a Cerro Muriano Pilar se siente mucho más tranquila y valora aún más los momentos en los que los cuatro se encuentran juntos. Francisco José, durante el desarrollo de la misión, nunca tuvo que salir de la base militar, situada en la localidad de Marjayoun, ya que su función se desarrollaba en el interior. "Él nunca ha tenido que salir a la calle a patrullar, pasaba las horas trabajando o en el gimnasio, pero de todas formas nunca te sientes completamente tranquila", asegura.
La pequeña de Inmaculada Gómez, de dos años, también se pasa todo el día en brazos de su padre, el cabo de primera Rafael Rodríguez, ya que no quiere volver a tener que estar tanto tiempo sin él. "La niña en estos momentos está completamente feliz, quiere a su padre con locura". Además, durante los meses que Rafael ha estado fuera la pequeña experimentó algunos cambios que él no descubrió hasta su regreso. "Cuando se marchó la niña no hablaba nada y mientras que él estuvo fuera comenzó a decir sus primeras palabras, así que imagínate la ilusión que le hizo escuchar a la pequeña por primera vez, por eso ahora no hay quien los separe", asevera Inmaculada con una gran sonrisa. Pero su rostro cambia al preguntarle por la posibilidad de que su marido vuelva a participar en una nueva misión, aunque asegura que siempre aceptará su decisión "pero al recibir la noticia segura que me vendría abajo". Y es que el trabajo de Rafael en Líbano ha consistido en la vigilancia del territorio a través del patrullaje, lo cual implica un cierto riesgo. "En esta ocasión él dice que no ha habido mucho peligro y que han disfrutado de una relativa normalidad", asegura.
Lo mismo le ocurre a Pilar Madueño. Tanto ella como sus dos hijos no se separan ni un solo segundo del cabo de primera Francisco José Calero. Su regreso coincidió con Navidad, ya que su avión aterrizó en la capital hispalense el pasado 21 de diciembre. Durante la misión humanitaria, los niños marcaban en el calendario cada uno de los días que quedaban para volver a ver su padre y finalmente, después de una larga espera ese día llegó. "Tenerlo en casa es todo un alivio para mí porque además de que sabes que está a tantos kilómetros y en una misión militar, tenía que enfrentarme sola a todos los problemas que surgían, así como llevar para adelante la casa y los niños", afirma. Desde que Francisco José volvió a Cerro Muriano Pilar se siente mucho más tranquila y valora aún más los momentos en los que los cuatro se encuentran juntos. Francisco José, durante el desarrollo de la misión, nunca tuvo que salir de la base militar, situada en la localidad de Marjayoun, ya que su función se desarrollaba en el interior. "Él nunca ha tenido que salir a la calle a patrullar, pasaba las horas trabajando o en el gimnasio, pero de todas formas nunca te sientes completamente tranquila", asegura.
La pequeña de Inmaculada Gómez, de dos años, también se pasa todo el día en brazos de su padre, el cabo de primera Rafael Rodríguez, ya que no quiere volver a tener que estar tanto tiempo sin él. "La niña en estos momentos está completamente feliz, quiere a su padre con locura". Además, durante los meses que Rafael ha estado fuera la pequeña experimentó algunos cambios que él no descubrió hasta su regreso. "Cuando se marchó la niña no hablaba nada y mientras que él estuvo fuera comenzó a decir sus primeras palabras, así que imagínate la ilusión que le hizo escuchar a la pequeña por primera vez, por eso ahora no hay quien los separe", asevera Inmaculada con una gran sonrisa. Pero su rostro cambia al preguntarle por la posibilidad de que su marido vuelva a participar en una nueva misión, aunque asegura que siempre aceptará su decisión "pero al recibir la noticia segura que me vendría abajo". Y es que el trabajo de Rafael en Líbano ha consistido en la vigilancia del territorio a través del patrullaje, lo cual implica un cierto riesgo. "En esta ocasión él dice que no ha habido mucho peligro y que han disfrutado de una relativa normalidad", asegura.
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