JUan Carlos Villanueva. actor y director de escena

"El público quiere sentarse todavía a ver una obra de teatro y poder entenderla"

El intérprete es uno de los profesionales más representativos del teatro cordobés Una de sus señas de identidad es el interés por la recuperación de los autores clásicos

Ángela Alba | Actualizado 03.03.2013 - 08:32
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LA vida de Juan Carlos Villanueva ha estado dedica a la escena desde su adolescencia. Con tan sólo 16, en 1978, años entró a formar parte de la compañía Trápala, de la que sigue formando parte como director. Más tarde se introdujo en el mundo de la ópera, en el doblaje, en el cine y en la televisión, donde ha aparecido en series como Plaza Alta o Arrayán. Su versatilidad y veteranía lo han convertido en uno de los pilares fundamentales del teatro cordobés. Uno de sus principales objetivos es recuperar y dar a conocer a los autores clásicos.

-Lleva toda una vida dedicado al teatro, ¿cuándo sintió la llamada de las tablas?

-Desde pequeñito recuerdo ver a los grandes actores españoles, muchos ya desaparecidos, y entonces pensé que quería hacer eso. Tendría 16 años cuando entré a formar parte de la compañía Trápala por mediación de un amigo y a partir de ahí no me he desvinculado nunca. Anteriormente a eso sí que había tenido experiencia pero no profesional, el famoso Jesucristo Superstar, estuve bailando con un grupo... A partir de que entré en Trápala canalicé lo que yo quería, lo que era el escenario y hacer teatro.

-¿Cómo ha sido su formación?

-Ha sido muy independiente, muy por mi cuenta. Llegó un momento en el que me propuse que tenía que hacer algo concreto en cuanto a formación y decidí que tenía que entrar en la Escuela de Arte Dramático de Córdoba. Lo que pasa es que yo entré con un bagaje grande, con 30 años, no era ningún crío y había hecho bastantes producciones de una forma más o menos profesional. Pero siempre tenía la cosilla de decir yo quiero tener esto, quiero ver exactamente como es la enseñanza reglada del arte dramático, y lo hice. Luego te abres a más campos. Me ofrecieron la posibilidad de hacer un curso de doblaje en Sevilla y lo hice. También participé como ayudante de dirección en ópera, me tiré a la piscina y trabajé en ello durante un tiempo. Eso no se olvida nunca, de hecho de esa experiencia con la lírica me ha quedado el gusanillo de que casi todos mis espectáculos de teatro tienen últimamente música en directo porque tiene un valor añadido. El teatro es inmediatez, es prontitud, es el momento. Si la música está grabada siempre va a sonar igual, y a mí me gusta sentir la energía de los músicos en escena.

-Es uno de los profesionales más respetados de Córdoba. ¿Cómo ha sido el camino hasta alcanzar este reconocimiento?

-Como en casi todas las profesiones ha sido un camino largo, difícil, y en esta profesión aún más porque siempre estás en la cuerda floja. Cuando empecé a hacer televisión y cine ya tenía un bagaje importante sobre el escenario. A pesar de que ha habido momentos muy malos ha sido un camino feliz. Ahora de hecho estamos atravesando uno de los peores momentos para la cultura porque con este 21% de IVA tan brutal están desapareciendo compañías y salas y hay cantidad de profesionales que tienen que abandonar. Aunque haya habido malos y buenos momentos, evidentemente me quedo con los buenos.

-¿Qué tropiezos ha tenido?

-La verdad es que todo lo que he hecho me ha servido para crecer, no lo podría llamar tropiezos. Un error en un momento dado o que pienses que no has estado a la altura entra dentro del mundo subjetivo del actor, que siempre se está exigiendo más y constantemente quiere ir más allá. Tropiezos de grandes fracasos no, o al menos yo no los asumo como tales. Sí que es verdad que a veces pones toda tu ilusión en una producción pero no llega al público como tiene que llegar, lo que no significa que sea un fracaso.

-¿Y su mayor satisfacción?

-La de seguir en la profesión a pesar del momento que estamos viviendo, la de poder hacer lo que me gusta, ¿te parece poco? Eso es increíble.

-¿Se puede vivir en Córdoba sólo del teatro?

-No. De hecho la mayoría de trabajos que yo desarrollo no los hago en Córdoba, sino en Sevilla, en Madrid, en Barcelona o donde me llamen. Siempre he tenido que estar yendo y viniendo. Pero sí he tenido siempre como referencia a Córdoba, nunca me he ido a vivir fuera salvo temporadas, cuando he estado de gira o rodajes.

-¿Qué situación vive el teatro cordobés?

-La situación actualmente es mala, no sólo para el teatro sino para la cultura en general. Lo del 21% del IVA no tiene nombre, entre otras cosas porque es inviable. A pesar de eso han nacido varias compañías de gente joven con muchísimas ganas y aportando muchas cosas al mundo del espectáculo, y eso es súper importante.

-¿Está maltratada la cultura por las instituciones públicas?

-Sí. Ha habido un tiempo en el que se ha procurado apoyar pero siempre de una manera como de escaparate, buscando la foto. Hablo desde mis referencias andaluzas y sí es verdad que durante un tiempo se ha invertido mucho en infraestructuras pero hoy por hoy están muertas de pena. Son equipamientos muy buenos, que eran necesarios pero no están dotados o no tienen presupuesto para funcionar.

-¿Qué piensa de las subvenciones?

-He trabajado con y sin subvenciones. Por ejemplo he trabajado para una institución como el Centro Andaluz de Teatro en varias ocasiones. Evidentemente no puedes abarcar a nivel privado lo que abarca una empresa pública. A mí nunca me han puesto el pie ni trabas. El apoyo institucional evidentemente tiene que existir pero se debería buscar la manera de que no se base sólo en el dinero. Hay que saber también cómo y a quién se dan esas subvenciones. La mayoría de las comunidades autónomas se están olvidando de algo muy importante que tenemos aquí, que son nuestros clásicos, que están ahí muertos de asco salvo honrosas excepciones. Por eso, las ayudas están bien siempre y cuando se habilite la fórmula adecuada para que lleguen donde tienen que llegar y hagan el efecto que tienen que hacer, que es fomentar, crear. Se nos olvida que la cultura durante mucho tiempo ha sido un porcentaje muy alto del Producto Interior Bruto de este país, se nos ha olvidado de pronto, le hemos pegado el sablazo con la subida del IVA y no la dejamos vivir.

-En Córdoba tenemos la suerte de contar con la Escuela de Arte Dramático. ¿Qué papel tiene en la cultura cordobesa? ¿Está lo suficientemente integrada en la ciudad?

-Es primordial. Aunque se puede hacer de manera autodidacta, pienso que hay que pasar por la escuela, hay que tener un conocimiento de la materia. Por otra parte, creo que está integrada y cada vez más porque participa en muchas actividades que se realizan en la ciudad.

-¿Qué lugar ocupa la escritura en su trayectoria?

-Siempre digo que no me considero autor porque no escribo teatro como tal. Lo último que he puesto en escena, que es El oro del siglo, sí que es una dramaturgia que he compuesto con textos de autores del Siglo de Oro, pero no es de mi puño y letra. He escrito teatro pero nunca termino las obras, siempre les encuentro defectos y además me cuesta mucho escribir. Cuando quiero expresar una idea quiero hacerlo de forma tan concreta que me desespero, tacho mucho, borro mucho. Siempre hablamos de que hay escasez de autores y los que hay escriben un teatro que, salvo honrosas excepciones, se aleja un poco del que la sociedad está reclamando. Yo me veo en muchas ocasiones en la necesidad de volver a los clásicos. No hay nada nuevo, en ellos está todo, y por eso los retomo. Es muy difícil sorprender aunque hay algunos autores, como el cordobés Juan Carlos Rubio, que está teniendo éxito porque tiene una forma de escribir fluida y sus obras llegan muy bien al espectador. A pesar de que nosotros queramos avanzar mucho y hacer experimentos, no dejan de ser eso, experimentos que están muy bien para un laboratorio, pero llega un momento en que al ponerlos en escena no atraen al público que tienen que atraer. Todavía el público quiere sentarse a ver una obra de teatro y quiere entenderla, conocer, sentirse identificado con lo que está viendo, y eso a veces no se consigue.

-Una de sus señas de identidad es la recuperación de los clásicos. ¿Por qué le atraen tanto?

-Es una pasión. Aunque ha pasado tanto tiempo todo lo que escribieron es de una actualidad tremenda. Evidentemente nosotros no entendemos el honor como lo hacían ellos, pero sí es verdad que tratan todos los grandes temas del ser humano. Y los tratan tan bien, con tanta verdad, que sólo nos separa el tiempo y el lenguaje mucho más arcaico, pero nada más. Siguen existiendo las luchas de poder, la opresión, el amor, la venganza... Está ahí. Cuando logro descifrar el alcance de un texto dramático del Siglo de Oro me siento feliz, identificado, porque una vez que lo entiendes te es más fácil transmitirlo. Cuando puedo transmitir eso, con la verdad que eso requiere, me siento el hombre más feliz del mundo, como profesional y como persona. Eso no significa que no adore o no me guste el teatro contemporáneo, que me encanta, pero cuando realmente es teatro contemporáneo.

-¿No es un poco arriesgado apostar por el teatro clásico? ¿Está el público preparado?

-Creo que si no lo está, debería, y de eso tenemos que encargarnos los profesionales. Admiro a los ingleses con Shakespeare, no dejan de llenarse los teatros con sus obras completas y eso me da mucha envidia. Es admirable por parte de ellos porque siempre han tratado a sus clásicos muy bien, ¿por qué aquí no si tenemos más y mejor? Cuidado, que Shakespeare es Shakespeare, pero Cervantes es Cervantes, Lope es Lope y no creo que haya ningún país en el mundo que tenga la riqueza literaria y dramatúrgica que tenemos en España por el Siglo de Oro. Muy poca gente se atreve en España a montar clásicos.

-¿En Córdoba, qué compañías lo hacen?

-En Trápala hemos montado clásicos pero también hemos montado contemporáneo, somos muy eclécticos. Teatro Par casi todo lo que hace es clásico, también está Uno Teatro. Hay que alabarlos.

-¿Cómo es la relación entre las compañías cordobesas?

-Actualmente muy buena pero cuando yo era joven no. Yo rompí una lanza a favor de la colaboración de unos con otros y empecé a trabajar con Buhardilla durante un tiempo porque no encontraba razones para no hacerlo. Cuando ya tienes un poquito de sesera y te dejas manejar menos te das cuenta de que son personas que están haciendo su trabajo y que están intentando lo mismo que tú, que tienen la misma necesidad, las mismas ganas, el mismo amor por la profesión. Actualmente las relaciones son muy buenas e incluso se hacen coproducciones. Además somos un colectivo en el que nos conocemos todos en la ciudad, de hecho yo me he sentido el hombre más feliz del mundo cuando he visto a todos los compañeros pasar por el teatro. Eso no siempre es así pero afortunadamente aquí sí.
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