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Las lágrimas de Gómez
Las lágrimas de Gómez
El político y empresario defiende su inocencia y convierte su declaración en el caso Malaya en un largo parlamento sobre su vida, que interrumpió al sumirse en el llanto
Encarna Maldonado | Actualizado 19.01.2012 - 07:02El empresario y concejal Rafael Gómez ha sido un promotor poderoso, un empresario prominente del sector de la joyería cordobesa y un personaje singular, muy singular. Ayer se sentó en el banquillo de los acusados del caso Malaya para sacar brillo a su perfil más populista, precisamente ese que le ha convertido en un fenómeno político con cinco concejales y un sillón en el consejo de Urbanismo.
La Fiscalía Anticorrupción le pide 18 meses de cárcel y 1,2 millones de multa por un delito de cohecho porque entiende que le pagó al exasesor de urbanismo de Marbella, Juan Antonio Roca, un soborno 600.000 euros para que el Ayuntamiento hiciera la vista gorda y le permitiera abrir a sus oficinas un acceso al paseo marítimo de la localidad que no estaba permitido en las normas urbanísticas.
El fiscal Anticorrupción Juan Carlos López Caballero trató ayer de preguntar a Rafael Gómez por este presunto soborno, pero el empresario, durante más de una hora, hizo un pormenorizado y apasionado relato de su vida que le condujo en dos ocasiones a las lágrimas.
Recordó que había sido cabrero con tres años, pavero con su padre, que a los nueve comenzó a trabajar en la platería y a los 16 emigró a Francia. Que no pudo acudir a tiempo al entierro de su padre, que se casó 10 días después de acabar la mili, que su hermano pagó las bebidas de la boda y su cuñada las tapas, que su mujer quedó embarazada días después de celebrarse el matrimonio, que se vinieron a la Costa del Sol de viaje de novios con las dos mil y pico pesetas que les habían regalado los invitados a la boda y que tuvo que emigrar otra vez "a pelar pollos en Suiza".
Después trabajó en otro taller de joyería que compró junto otros empleados, pero finalmente se quedó con el negocio. Explicó que utilizó para pagar a sus socios 98 gramos de oro que se habían acumulado en la orza donde se lavaban las manos después de trabajar y que, en definitiva, así comenzó su currículum empresarial.
Después abordó su etapa como promotor inmobiliario y dijo que fue Jesús Gil, al que conoció cuando presidía el Córdoba, quien le sugirió que invirtiera en Marbella. "La construcción es el único negocio capaz de llevar al empresario al infinito", con este arranque Rafael Gómez irrumpió en el último capítulo de su trayectoria. Recordó que llegó a tener 10.000 viviendas en construcción y suelo para otras 96.000 más. Pero siempre "he tratado de hacer las cosas bien hechas. Los empresarios somos honestos y buenos". En este pasaje de su relato el llanto volvió a quebrar su discurso y el presidente del tribunal, José Godino, se vio en la necesidad de acordar un descanso de cinco minutos para que se recobrara.
Ya de vuelta en el banquillo, Gómez retomó la historia de su vida en el 27 de junio de 2006, cuando fue detenido en la operación Malaya. "Tenía la conciencia tranquila" pero "me preocupaba qué harían los bancos cuando saliera". En aquellas fechas, según su versión, tenía deudas por valor de 3.200 millones de euros.
"Vinieron de un banco y me preguntaron si me sentía con fuerzas y si iba a pagar". "Le respondí que Jesucristo está allí arriba y que parte de ese Jesucristo soy yo, así que no debía preocuparse porque pagaría". Afirmó que ha saldado deudas por valor de 3.000 millones de euros vendiendo patrimonio y que ahora vive de alquiler.
Remató su intervención afirmando que "Malaya ha destruido el país. Os lo digo desde mi humilde opinión. Fabricábamos viviendas porque ya las teníamos vendidas", pero "decidieron acabar con la especulación del ladrillo y sin ladrillo no se puede vivir en España". Subrayó que no ha hecho "nada malo" más que "trabajar a cambio de nada", porque no tiene ambición de dinero, sino interés por hacer cosas.
Cerca de hora y media después de haber iniciado su relato el fiscal trató de nuevo iniciar el interrogatorio preguntando por los pagos a Roca y las obras sin licencia en Marbella. Apenas había esbozado que sólo pretendía tirar un tabique cuando el presidente del tribunal optó por suspender la vista oral hasta el próximo lunes.
El fiscal tratará de nuevo de preguntar a Rafael Gómez por Marbella, si es que se deja. Ayer demostró que le interesa más hablar de su vida.
La Fiscalía Anticorrupción le pide 18 meses de cárcel y 1,2 millones de multa por un delito de cohecho porque entiende que le pagó al exasesor de urbanismo de Marbella, Juan Antonio Roca, un soborno 600.000 euros para que el Ayuntamiento hiciera la vista gorda y le permitiera abrir a sus oficinas un acceso al paseo marítimo de la localidad que no estaba permitido en las normas urbanísticas.
El fiscal Anticorrupción Juan Carlos López Caballero trató ayer de preguntar a Rafael Gómez por este presunto soborno, pero el empresario, durante más de una hora, hizo un pormenorizado y apasionado relato de su vida que le condujo en dos ocasiones a las lágrimas.
Recordó que había sido cabrero con tres años, pavero con su padre, que a los nueve comenzó a trabajar en la platería y a los 16 emigró a Francia. Que no pudo acudir a tiempo al entierro de su padre, que se casó 10 días después de acabar la mili, que su hermano pagó las bebidas de la boda y su cuñada las tapas, que su mujer quedó embarazada días después de celebrarse el matrimonio, que se vinieron a la Costa del Sol de viaje de novios con las dos mil y pico pesetas que les habían regalado los invitados a la boda y que tuvo que emigrar otra vez "a pelar pollos en Suiza".
Después trabajó en otro taller de joyería que compró junto otros empleados, pero finalmente se quedó con el negocio. Explicó que utilizó para pagar a sus socios 98 gramos de oro que se habían acumulado en la orza donde se lavaban las manos después de trabajar y que, en definitiva, así comenzó su currículum empresarial.
Después abordó su etapa como promotor inmobiliario y dijo que fue Jesús Gil, al que conoció cuando presidía el Córdoba, quien le sugirió que invirtiera en Marbella. "La construcción es el único negocio capaz de llevar al empresario al infinito", con este arranque Rafael Gómez irrumpió en el último capítulo de su trayectoria. Recordó que llegó a tener 10.000 viviendas en construcción y suelo para otras 96.000 más. Pero siempre "he tratado de hacer las cosas bien hechas. Los empresarios somos honestos y buenos". En este pasaje de su relato el llanto volvió a quebrar su discurso y el presidente del tribunal, José Godino, se vio en la necesidad de acordar un descanso de cinco minutos para que se recobrara.
Ya de vuelta en el banquillo, Gómez retomó la historia de su vida en el 27 de junio de 2006, cuando fue detenido en la operación Malaya. "Tenía la conciencia tranquila" pero "me preocupaba qué harían los bancos cuando saliera". En aquellas fechas, según su versión, tenía deudas por valor de 3.200 millones de euros.
"Vinieron de un banco y me preguntaron si me sentía con fuerzas y si iba a pagar". "Le respondí que Jesucristo está allí arriba y que parte de ese Jesucristo soy yo, así que no debía preocuparse porque pagaría". Afirmó que ha saldado deudas por valor de 3.000 millones de euros vendiendo patrimonio y que ahora vive de alquiler.
Remató su intervención afirmando que "Malaya ha destruido el país. Os lo digo desde mi humilde opinión. Fabricábamos viviendas porque ya las teníamos vendidas", pero "decidieron acabar con la especulación del ladrillo y sin ladrillo no se puede vivir en España". Subrayó que no ha hecho "nada malo" más que "trabajar a cambio de nada", porque no tiene ambición de dinero, sino interés por hacer cosas.
Cerca de hora y media después de haber iniciado su relato el fiscal trató de nuevo iniciar el interrogatorio preguntando por los pagos a Roca y las obras sin licencia en Marbella. Apenas había esbozado que sólo pretendía tirar un tabique cuando el presidente del tribunal optó por suspender la vista oral hasta el próximo lunes.
El fiscal tratará de nuevo de preguntar a Rafael Gómez por Marbella, si es que se deja. Ayer demostró que le interesa más hablar de su vida.
Una vida para dos (V): De vuelta a casa
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haciendo estos comentarios ". . . . pero "decidieron acabar con la especulación del ladrillo. . . " como pueden seguir algunos defendiéndolo.
Animos Rafael, somos muchos los que estamos contigo.
lo que mas gracia me hace es que la gente defiende a este tipo pues creaba puestos de trabajo, pero se olvidan que en este pais existen empresarios de la construccion que tambien crean puestos de trabajo y no estan metidos en los fregaos de corrupcion, y por ultimo no debemos olvidarnos que este señor en su declaracion habla de unos pagos de comisiones al tal pacurri, el cual al parecer en su dia le acompañaba en la famosa timba de cartas