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- "Pilar Citoler vino a Córdoba para vender y creyendo que iba a deslumbrar"
"Pilar Citoler vino a Córdoba para vender y creyendo que iba a deslumbrar"
"Pilar Citoler vino a Córdoba para vender y creyendo que iba a deslumbrar"
Maite Béjar regresó de París en los 80 para abrir su propia galería e impulsar desde allí el arte contemporáneo
Fernando González Viñas | Actualizado 13.11.2011 - 01:00VIVIÓ en París y al volver a Córdoba abrió, en 1982, la ya desaparecida galería Arc en Ciel, pionera en el arte de vanguardia en la ciudad. Actualmente, promueve unas reuniones culturales mensuales en un conocido restaurante de La Trinidad y no deja de interesarse por la vida artística, que observa con apasionamiento y también con ojo crítico.
-¿Cómo se le ocurrió irse a París en los años 60 con lo nublado que está aquello siempre?
-Me fui a París con mi marido cuatro meses después de casarnos, porque Rafael también era artista y quería vivir el mundo del arte en París. En realidad, no había motivos para quedarse aquí. Una vez allí, a finales de 1961, mi marido encontró una galería muy buena, pionera, que lanzó en París lo mejor de la época, como Rotella, Max Ernst y muchísimos más. Entramos en el mundo de la pintura de París, me encantó, y cada vez me sentía más en mi sitio y conocí muchos movimientos. Aquello siempre estaba hirviendo. Conocí a Vasarely, a Yves Klein, conocí al mejor crítico de arte, Pierre Restany.
-Y 20 años después volvió a Córdoba. ¿Por qué?
-Nos volvimos toda la familia, dejamos casa puesta en París, y llegamos a Córdoba en 1981, aunque yo sabía que mi marido se volvería a París, que aquel era su sitio. Puse mi galería en Córdoba en 1982.
-¿Qué se encontró cuando llegó? ¿Había otras galerías?
-Muy pocas. En la calle Góngora había una que era del Ayuntamiento y también estaba la Galería Studio 52.
-A nivel cultural, artístico, ¿la ciudad era casi un desierto?
-Yo empecé en un desierto y cuando vieron la línea que yo llevaba, siempre muy vanguardista, se sorprendieron. Siempre recordaré las palabras de Antonio Povedano, que vino muy pronto a conocer mi galería y me dijo: "Te doy un consejo, sigue con la galería, y vive de espaldas a Córdoba". Luego ya vinieron muchos pintores como Pepe Morales, Paco Aguilera Amate y, sobre todo, muchos arquitectos y abogados para comprar obra. Para entender lo que yo traía a la galería, de entrada tenían que tener un buen nivel cultural o que hubieran viajado o visto en otro sitio. Yo fui pionera, me lo dicen y me lo siguen diciendo.
-¿Cuando abrió la galería la miraron en la ciudad como un bicho raro?
-En cierto modo. Ahora, gracias a internet y otros medios, sí hay información y la gente conoce cosas, pero hay que recordar que antes no había información ninguna, así que en cierto modo sí era distinto lo que yo traía. Pero me mantuve fiel a mi línea.
-Pero cerró. ¿Por qué?
-Cuando la cerré era porque se me pasaba la vida y tenía gana de ver a mis nietos y tenía que ir a París para poder disfrutar de ellos. Pero estoy muy orgullosa del esfuerzo que hice, que para mí no fue un esfuerzo; fue un placer tener la galería y traer pintores de todos sitios, desde Madrid hasta La Martinica.
-¿Ve ahora que haya artistas cordobeses que sí estén en la vanguardia?
-Eso es una pregunta muy dura. No daré nombres, pues a mí me duele, pero no se puede ir a la exposición de un pintor y encontrarte cada vez una cosa distinta. Eso para mí no es válido. Un pintor debe llevar siempre una línea. Por ejemplo, Rafael Navarro o Rita Rutkowsky, que vendan o no vendan, llevan siempre una misma línea; otro ejemplo es Antonio Bujalance, que no pierde su camino, o el gran Antonio Povedano. Ahora, de los pintores jóvenes, de 50 años para abajo, no te puedo decir porque parece que van a ARCO, miran lo que hace uno y otro y hacen su propia ensalada, y eso no es ni una cosa ni otra. Aquí hay un pintor que lo tienen por las nubes y cada vez que lo veo hace una cosa distinta. Un pintor debe tener identidad.
-¿Para usted tener un estilo es fundamental?
-Debe de verse el estilo, la mano del pintor en cada obra.
-¿A qué nivel y cómo ve las galerías de arte de Córdoba actualmente?
-Veo ensaladas. No sé si me explico. Tengo muchos conocimientos y tengo muchos años en este mundo. La pintura es sacrificarte por una línea. Me gusta que se siga un estilo. La única galería que sigue una línea es la de Arte21, aunque a veces le llegue un pintor con una cosa distinta a lo que hacía dos años atrás.
-¿El artista es el culpable?
-La culpa la tiene el artista. Sobre todo cuando un pintor está protegido por un sueldo, porque si tiene otro trabajo o es profesor debe seguir aún más una línea. Córdoba no está acostumbrada a que una galería tenga un camino claro. Es cierto que esto no es París o Berlín, pero una galería tiene que tener las ideas claras. Ahora, sin embargo, vas a una galería y no sabes bien lo que te vas a encontrar. Un galerista además no puede sugerirle a un artista el estilo que debe seguir o lo que tiene que pintar, y eso se ha hecho en esta ciudad.
-Hablemos de precios en el arte. ¿Se vende poco en las galerías cordobesas por culpa de la crisis?
-Los precios de los artistas están excesivamente inflados. Acabo de estar en la galería de Studio 52 Jiménez, que exponía Mariano Aguayo, el hijo, no el de los perritos, y me encantó la exposición por la obra y por los precios, que me parecían adecuados. Los pintores deben saber vender a buen precio para que la obra no acabe en su casa de vuelta, sino colgada en otro sitio. Así se puede comprar obra, a los precios adecuados. Un pintor que empieza, que no ha salido de Córdoba, no puede poner unos precios excesivos, no puede poner sus obras a 1.000 euros; lo que le interesa es que se le compre para que se divulgue su nombre. El galerista le debe aconsejar en ese sentido. La pintura es como la moda, se extiende rápidamente y en Córdoba no lo hace por los precios.
-¿Ve necesario más becas para los artistas jóvenes o lo cree contraproducente?
-Si te acostumbras a las subvenciones no sales de ahí. Si te lo dan todo, ¿para qué vas a luchar? No sé además por qué hay tantas instituciones. No sé si en Cultura hay buenos asesores o técnicos en pintura, en Córdoba no conozco a muchos, se pueden contar con los dedos de la mano. Quitando a José María Báez, que ha hecho mucho en Vimcorsa, que ha sabido buscar lo mejor. Me temo que con Vimcorsa pase como con la Caja Provincial de Córdoba, que sólo trajo buenas cosas los cuatro años que dirigía las exposiciones Antonio Povedano; después vimos de todo, es decir, nada. Hay salas en Córdoba que debían promocionar a los jóvenes de otra manera, un buen político, un concejal o diputado tiene que enterarse bien de quienes son los pintores jóvenes de Córdoba que prometen y ayudarles, sacarlos al exterior, el pintor debe de salir. Si no tiene medios, que se vaya con una beca a Londres, a Alemania o a EE UU.
-¿Qué le parece el C-4, el Centro de Creación Contemporánea de Córdoba?
-Explícame qué es el C-4. ¿Verá la luz? ¿Cuantos metros cuadrados tiene? Me gustaría verlo para ver si representa realmente un museo de arte contemporáneo. Todas las capitales tienen su museo de arte contemporáneo y aquí no tenemos nada. Si llega debe indagar en los buenos pintores cordobeses desde inicios del siglo XX. Deben empezar por Aguilera Amate, Marcial Gómez, Povedano, Pepe Morales... En lo figurativo tenemos a Pepe Bueno, Miguel del Moral. No estoy en contra de lo figurativo, en contra de lo que imita al siglo XVI, porque cuando coges los pinceles disfrutas. Todo es bueno y válido pero estoy muy disgustada porque veo que se podían haber hecho cosas, que algunas instituciones podían haber promocionado a pintores de Córdoba y se han dedicado a traer exposiciones con gente de fuera fusionando la promoción con un banco o bajo la protección de otra entidad.
-¿Ha hecho falta más valentía?
-Yo presenté hace un año y medio el catálogo de Pepe Morales a Rafael Blanco y no me hicieron ni caso. Estuvimos hablando de pintura y no sé si me entendía o no, porque no me contestaron. Hay que hacer algo que realce la ciudad y no cosas como un baratillo donde cada uno pone su mesa y su tela, eso no tiene ni ton ni son, eso es algo sin clase, de personas sin gusto y que acabas desilusionando porque al final sólo ves un lugar para vender cerveza. -Otro tema de actualidad. ¿Qué opina de la colección de Pilar Citoler y la propuesta de que sea comprada por el Ayuntamiento?
-Ni no lo nombres. En un debate hace unos meses muchos pintores jóvenes cordobeses decían estar completamente en contra de que esa colección venga a Córdoba, aunque ninguno se atreve a firmar con su nombre en una plataforma. Lo único que le pido al Ayuntamiento es que analice bien la obra, con buenos expertos, pero creo que el Consistorio no se debe de gastar ese dinero, si es que lo tiene. Esta señora ha vendido a Córdoba a ofrecer esta obra pidiendo x millones, creyendo que Córdoba se va a deslumbrar. Antes de venir aquí, esta señora ya ha estado en Zaragoza, en Barcelona, en Valencia intentando vender sus obras y ahora viene aquí a condicionar a los cordobeses a que el Ayuntamiento le compre su colección. Comprarla sería un error. No hay derecho a esas cosas, u a otras como que el Consistorio ponga casas-museos. ¿Qué ha hecho tal pintor para que le pongan una casa museo? Lo que ese artista hacía lo había visto yo igual 20 años antes, por otros autores, en el Gran Palais de París.
-¿Le da pena pasar por La Pérgola, cuya sala de exposiciones dirigió durante cuatro años, y verla abandonada?
-El proyecto fue precioso. Lo hicieron dos arquitectos muy jóvenes pero llegó un momento en el que quien dirigía La Pérgola me planteó que el pintor que exponía debía hacerse cargo del 50% de los gastos y por ahí dije que no pasaba, que yo no cobraba a los pintores por exponer, que yo no los explotaba. La verdad es que se vendía, pero con esas condiciones decidí dejarlo.
-Ahora ha creado una reunión cultural. ¿A qué se dedican?
-Simplemente a reunir a gente y hablar de pintura, de escultura, de poesía. El 29 tenemos nuestro nuevo encuentro, con Teresa García López. Nos reunimos en la cafetería Gris's una vez al mes para hablar, para debatir. Por lo menos, que se hable de pintura. Trajimos por ejemplo a Manuel Garcés y vino con un proyector para explicar su obra. Se juntaron 36 personas y fue una cosa estupenda. Mi cabeza no para y estoy en mi mundo.
-¿Ha vuelto a sus orígenes, al de persona que en un lugar reúne a gente que habla de arte?
-Esto no es una galería, aunque mi primera intención cuando llegué a Córdoba era crear un ateneo, pero no pude porque ya lo había, ya estaban los estatutos hechos. Pero yo entiendo un ateneo como los de Málaga o Sevilla, un lugar fijo de encuentro, siempre abierto, con un pequeño bar donde la gente pueda acudir. Pero aquí nunca sabe uno donde está la sede del Ateneo. La última vez que fui estaba en el Teatro Cómico Principal y cuando fui a preguntar el conserje me dijo: "Ahí está la llave colgada, por aquí hace cuatro meses que no viene nadie". Se me cae el alma.
-Ha pasado la Capitalidad. ¿Cuál debe ser nuestro camino en los próximos años?
-La cultura no evoluciona sola. Habría que ocuparse de terminar rápidamente el C-4, hay que poner un espacio grande y buscar rápidamente buenos pintores, y si no saben dónde acudir que me pregunten, pues tengo una agenda de pintores grandísima.
-¿Cómo se le ocurrió irse a París en los años 60 con lo nublado que está aquello siempre?
-Me fui a París con mi marido cuatro meses después de casarnos, porque Rafael también era artista y quería vivir el mundo del arte en París. En realidad, no había motivos para quedarse aquí. Una vez allí, a finales de 1961, mi marido encontró una galería muy buena, pionera, que lanzó en París lo mejor de la época, como Rotella, Max Ernst y muchísimos más. Entramos en el mundo de la pintura de París, me encantó, y cada vez me sentía más en mi sitio y conocí muchos movimientos. Aquello siempre estaba hirviendo. Conocí a Vasarely, a Yves Klein, conocí al mejor crítico de arte, Pierre Restany.
-Y 20 años después volvió a Córdoba. ¿Por qué?
-Nos volvimos toda la familia, dejamos casa puesta en París, y llegamos a Córdoba en 1981, aunque yo sabía que mi marido se volvería a París, que aquel era su sitio. Puse mi galería en Córdoba en 1982.
-¿Qué se encontró cuando llegó? ¿Había otras galerías?
-Muy pocas. En la calle Góngora había una que era del Ayuntamiento y también estaba la Galería Studio 52.
-A nivel cultural, artístico, ¿la ciudad era casi un desierto?
-Yo empecé en un desierto y cuando vieron la línea que yo llevaba, siempre muy vanguardista, se sorprendieron. Siempre recordaré las palabras de Antonio Povedano, que vino muy pronto a conocer mi galería y me dijo: "Te doy un consejo, sigue con la galería, y vive de espaldas a Córdoba". Luego ya vinieron muchos pintores como Pepe Morales, Paco Aguilera Amate y, sobre todo, muchos arquitectos y abogados para comprar obra. Para entender lo que yo traía a la galería, de entrada tenían que tener un buen nivel cultural o que hubieran viajado o visto en otro sitio. Yo fui pionera, me lo dicen y me lo siguen diciendo.
-¿Cuando abrió la galería la miraron en la ciudad como un bicho raro?
-En cierto modo. Ahora, gracias a internet y otros medios, sí hay información y la gente conoce cosas, pero hay que recordar que antes no había información ninguna, así que en cierto modo sí era distinto lo que yo traía. Pero me mantuve fiel a mi línea.
-Pero cerró. ¿Por qué?
-Cuando la cerré era porque se me pasaba la vida y tenía gana de ver a mis nietos y tenía que ir a París para poder disfrutar de ellos. Pero estoy muy orgullosa del esfuerzo que hice, que para mí no fue un esfuerzo; fue un placer tener la galería y traer pintores de todos sitios, desde Madrid hasta La Martinica.
-¿Ve ahora que haya artistas cordobeses que sí estén en la vanguardia?
-Eso es una pregunta muy dura. No daré nombres, pues a mí me duele, pero no se puede ir a la exposición de un pintor y encontrarte cada vez una cosa distinta. Eso para mí no es válido. Un pintor debe llevar siempre una línea. Por ejemplo, Rafael Navarro o Rita Rutkowsky, que vendan o no vendan, llevan siempre una misma línea; otro ejemplo es Antonio Bujalance, que no pierde su camino, o el gran Antonio Povedano. Ahora, de los pintores jóvenes, de 50 años para abajo, no te puedo decir porque parece que van a ARCO, miran lo que hace uno y otro y hacen su propia ensalada, y eso no es ni una cosa ni otra. Aquí hay un pintor que lo tienen por las nubes y cada vez que lo veo hace una cosa distinta. Un pintor debe tener identidad.
-¿Para usted tener un estilo es fundamental?
-Debe de verse el estilo, la mano del pintor en cada obra.
-¿A qué nivel y cómo ve las galerías de arte de Córdoba actualmente?
-Veo ensaladas. No sé si me explico. Tengo muchos conocimientos y tengo muchos años en este mundo. La pintura es sacrificarte por una línea. Me gusta que se siga un estilo. La única galería que sigue una línea es la de Arte21, aunque a veces le llegue un pintor con una cosa distinta a lo que hacía dos años atrás.
-¿El artista es el culpable?
-La culpa la tiene el artista. Sobre todo cuando un pintor está protegido por un sueldo, porque si tiene otro trabajo o es profesor debe seguir aún más una línea. Córdoba no está acostumbrada a que una galería tenga un camino claro. Es cierto que esto no es París o Berlín, pero una galería tiene que tener las ideas claras. Ahora, sin embargo, vas a una galería y no sabes bien lo que te vas a encontrar. Un galerista además no puede sugerirle a un artista el estilo que debe seguir o lo que tiene que pintar, y eso se ha hecho en esta ciudad.
-Hablemos de precios en el arte. ¿Se vende poco en las galerías cordobesas por culpa de la crisis?
-Los precios de los artistas están excesivamente inflados. Acabo de estar en la galería de Studio 52 Jiménez, que exponía Mariano Aguayo, el hijo, no el de los perritos, y me encantó la exposición por la obra y por los precios, que me parecían adecuados. Los pintores deben saber vender a buen precio para que la obra no acabe en su casa de vuelta, sino colgada en otro sitio. Así se puede comprar obra, a los precios adecuados. Un pintor que empieza, que no ha salido de Córdoba, no puede poner unos precios excesivos, no puede poner sus obras a 1.000 euros; lo que le interesa es que se le compre para que se divulgue su nombre. El galerista le debe aconsejar en ese sentido. La pintura es como la moda, se extiende rápidamente y en Córdoba no lo hace por los precios.
-¿Ve necesario más becas para los artistas jóvenes o lo cree contraproducente?
-Si te acostumbras a las subvenciones no sales de ahí. Si te lo dan todo, ¿para qué vas a luchar? No sé además por qué hay tantas instituciones. No sé si en Cultura hay buenos asesores o técnicos en pintura, en Córdoba no conozco a muchos, se pueden contar con los dedos de la mano. Quitando a José María Báez, que ha hecho mucho en Vimcorsa, que ha sabido buscar lo mejor. Me temo que con Vimcorsa pase como con la Caja Provincial de Córdoba, que sólo trajo buenas cosas los cuatro años que dirigía las exposiciones Antonio Povedano; después vimos de todo, es decir, nada. Hay salas en Córdoba que debían promocionar a los jóvenes de otra manera, un buen político, un concejal o diputado tiene que enterarse bien de quienes son los pintores jóvenes de Córdoba que prometen y ayudarles, sacarlos al exterior, el pintor debe de salir. Si no tiene medios, que se vaya con una beca a Londres, a Alemania o a EE UU.
-¿Qué le parece el C-4, el Centro de Creación Contemporánea de Córdoba?
-Explícame qué es el C-4. ¿Verá la luz? ¿Cuantos metros cuadrados tiene? Me gustaría verlo para ver si representa realmente un museo de arte contemporáneo. Todas las capitales tienen su museo de arte contemporáneo y aquí no tenemos nada. Si llega debe indagar en los buenos pintores cordobeses desde inicios del siglo XX. Deben empezar por Aguilera Amate, Marcial Gómez, Povedano, Pepe Morales... En lo figurativo tenemos a Pepe Bueno, Miguel del Moral. No estoy en contra de lo figurativo, en contra de lo que imita al siglo XVI, porque cuando coges los pinceles disfrutas. Todo es bueno y válido pero estoy muy disgustada porque veo que se podían haber hecho cosas, que algunas instituciones podían haber promocionado a pintores de Córdoba y se han dedicado a traer exposiciones con gente de fuera fusionando la promoción con un banco o bajo la protección de otra entidad.
-¿Ha hecho falta más valentía?
-Yo presenté hace un año y medio el catálogo de Pepe Morales a Rafael Blanco y no me hicieron ni caso. Estuvimos hablando de pintura y no sé si me entendía o no, porque no me contestaron. Hay que hacer algo que realce la ciudad y no cosas como un baratillo donde cada uno pone su mesa y su tela, eso no tiene ni ton ni son, eso es algo sin clase, de personas sin gusto y que acabas desilusionando porque al final sólo ves un lugar para vender cerveza. -Otro tema de actualidad. ¿Qué opina de la colección de Pilar Citoler y la propuesta de que sea comprada por el Ayuntamiento?
-Ni no lo nombres. En un debate hace unos meses muchos pintores jóvenes cordobeses decían estar completamente en contra de que esa colección venga a Córdoba, aunque ninguno se atreve a firmar con su nombre en una plataforma. Lo único que le pido al Ayuntamiento es que analice bien la obra, con buenos expertos, pero creo que el Consistorio no se debe de gastar ese dinero, si es que lo tiene. Esta señora ha vendido a Córdoba a ofrecer esta obra pidiendo x millones, creyendo que Córdoba se va a deslumbrar. Antes de venir aquí, esta señora ya ha estado en Zaragoza, en Barcelona, en Valencia intentando vender sus obras y ahora viene aquí a condicionar a los cordobeses a que el Ayuntamiento le compre su colección. Comprarla sería un error. No hay derecho a esas cosas, u a otras como que el Consistorio ponga casas-museos. ¿Qué ha hecho tal pintor para que le pongan una casa museo? Lo que ese artista hacía lo había visto yo igual 20 años antes, por otros autores, en el Gran Palais de París.
-¿Le da pena pasar por La Pérgola, cuya sala de exposiciones dirigió durante cuatro años, y verla abandonada?
-El proyecto fue precioso. Lo hicieron dos arquitectos muy jóvenes pero llegó un momento en el que quien dirigía La Pérgola me planteó que el pintor que exponía debía hacerse cargo del 50% de los gastos y por ahí dije que no pasaba, que yo no cobraba a los pintores por exponer, que yo no los explotaba. La verdad es que se vendía, pero con esas condiciones decidí dejarlo.
-Ahora ha creado una reunión cultural. ¿A qué se dedican?
-Simplemente a reunir a gente y hablar de pintura, de escultura, de poesía. El 29 tenemos nuestro nuevo encuentro, con Teresa García López. Nos reunimos en la cafetería Gris's una vez al mes para hablar, para debatir. Por lo menos, que se hable de pintura. Trajimos por ejemplo a Manuel Garcés y vino con un proyector para explicar su obra. Se juntaron 36 personas y fue una cosa estupenda. Mi cabeza no para y estoy en mi mundo.
-¿Ha vuelto a sus orígenes, al de persona que en un lugar reúne a gente que habla de arte?
-Esto no es una galería, aunque mi primera intención cuando llegué a Córdoba era crear un ateneo, pero no pude porque ya lo había, ya estaban los estatutos hechos. Pero yo entiendo un ateneo como los de Málaga o Sevilla, un lugar fijo de encuentro, siempre abierto, con un pequeño bar donde la gente pueda acudir. Pero aquí nunca sabe uno donde está la sede del Ateneo. La última vez que fui estaba en el Teatro Cómico Principal y cuando fui a preguntar el conserje me dijo: "Ahí está la llave colgada, por aquí hace cuatro meses que no viene nadie". Se me cae el alma.
-Ha pasado la Capitalidad. ¿Cuál debe ser nuestro camino en los próximos años?
-La cultura no evoluciona sola. Habría que ocuparse de terminar rápidamente el C-4, hay que poner un espacio grande y buscar rápidamente buenos pintores, y si no saben dónde acudir que me pregunten, pues tengo una agenda de pintores grandísima.
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Se nota que es realmente una mujer comprometida con y para las artes. Además de clase y conociemento tiene un gran bagaje pero, sobre todo, intuición respectoa la creación y los vredaderos artistas. Y estoy de acuerdo con ella en calificar a Pierre Restany como uno de los grandes críticos de arte en Francia enla segunda mityad del siglo XX. ignacio. puras@yahoo. es
Esta entrevista me ha resultado muy interesante y espero que se llene de comentarios y observaciones ¡a debatir sin miedo!. Por cierto ¿quien es ese pintor cordobés al que se le trata por las nubes? quiero saber más y este foro no es malo. Caben más personas que en el Gris's. Gracias por animar el cotarro, hablemos claro.
El arte también es transigencia, el arte no es un orden o una linea argumental, hoy señora el arte no son prejuicios, ni sectarismos, por parte de clanes artísticos dominantes en una determinada zona, las culturas sin temor a la mezcla ni arbitrajes, suelen ser más fecundas a nivel cultural. Señora creo que debería replantearse la visión del mundo, porque el mundo esta cambiando.