Por él no pasan las décadas

  • El artista de Linares cumple 50 años en los escenarios con un disco en el que reúne 20 canciones a dúo con artistas como Joan Manuel Serrat, Ana Torroja, Juanes o el mismísimo Joaquín Sabina

Es el rey del exceso; derrocha voz, gestos, histrionismo, laca para el pelo... Hasta José Bono, se ha decidido por un implante capilar, seguramente influenciado por el pelazo de su consuegro. Raphael (Linares, 1943) ha editado más de setenta discos, es el único poseedor de un disco de Uranio junto a Michael Jackson...

Ahora da otra vuelta de tuerca con Raphael: 50 años después, en el que reúne 20 canciones a dúo con artistas como Joan Manuel Serrat, Ana Torroja, Juanes, David Bisbal, Miguel Bosé, Miguel Ríos, Paul Anka, Rocío Jurado o Alejandro Sanz, una de cuyas canciones suena en su móvil como tono de espera. El disco incluye además una joya: 50 años después, que canta a dúo con ¡Joaquín Sabina! El líder del progrerío junto a un Raphael al que algunos detractores tildan de facha. Ambos compartieron asiento y complicidad durante la entrega de las Medallas de Oro al Mérito de las Bellas Artes que recibieron los dos artistas de manos de los Reyes de España. Una extraña pareja, pero sin llegar a los niveles de una improbable película con Robert de Niro y el gran José Luis López Vázquez. Comparten el gusto por el exceso y por vender una caricatura de ellos mismos. ¿Quién no recuerda a Millán Salcedo, de Martes y Trece, imitando a Raphael cantando ¿Qué sabe nadie? Y una pregunta aún más personal: ¿Quién no ha cantado un tema suyo imitando su voz?

Pasado el sonrojo, y aunque todo cambia, Raphael es una referencia que permanece inalterable. No hay que darle más vueltas. El cantante de Yo soy aquél y Yo sigo siendo aquél lo tiene claro. Igual que sus seguidores: la mitad de ellos se llevan las manos a la cara de vergüenza ajena cuando comienza el recital de gestos y la otra mitad lo jalea. Pero lo de Raphael no es la sobriedad. Igual que si Julio Iglesias -una estaca en el escenario si remedio- pensara ahora en menear las caderas a lo Ricky Martin.

Hace cinco décadas hizo una señal en el suelo y juró no retroceder, como las huestes de Leónidas en las Termópilas. Y mientras compañeros de profesión -y de afición a la laca y al cardado- como Camilio Sesto languidecen, Raphael permanece, un dios para algunos y un icono friki para otros. A esta última modalidad han ayudado -y mucho- temas como Escándalo o sus duetos imposibles con gente como Enrique Bunbury en Maldito duende. Y como los gatos, siempre cae de pie por increíble que sea la pirueta. Otra capacidad felina es la de tener siete vidas y superar con tesón un cruel cáncer de hígado. Es más cuando se insinúa que se ha hecho algún arreglillo estético, amenaza con enseñar los costurones de su "única" operación.

Pero sus comienzos tienen mucho de El viaje a ninguna parte de Fernán Gómez. El sueldo de su padre ferrallista no daba para más y Raphael -finales de los cincuenta- tenía dos caminos: sastre o cantante. Y con esas se examinó en el teatro Fuencarral para conseguir el carné de artista de teatro, circo y variedades, título que a buen seguro no obtendrían artistas como de hoy como Melendi. Y fue admitido. "Cogí mi carné y empecé a cantar por esos pueblos de Dios", suele recordar el cantante con la nostalgia del triunfador, de quien ha actuado sobre los escenarios más importantes del mundo, como el Carnegie Hall, el Madison Square Garden, Talk of the Town, Olympia o el Sydney Opera House.

Aunque iba para sastre, los mejores trajes ha medida se los ha confeccionado el compositor Manuel Alejandro, quien le ha regalado temas como Yo soy aquél; Qué sabe nadie; Como yo te amo; Amor mío; Provocación; En carne viva; o Estar enamorado. Además de su sonrisa profidén -es uno de esos artistas capaces de cantar y sonreír al mismo tiempo-, lleva como seña de identidad la corbata negra, intercambiable en ocasiones por una de lunares, y el éxito en todo lo que emprende. En 1966 filmó su primera película como protagonista, Cuando tú no estás, dirigida por Mario Camus, a la que seguirían, en años sucesivos, siete producciones más, todas con gran éxito internacional de taquilla, incluso en Rusia. Y si decide interpretar un musical, como Jekyll & Hyde, agota el papel en las más de 400 representaciones que realizó.

Igual que el espaldarazo definitivo a su carrera en los sesenta, cuando ganó el Festival de Benidorm, el Operación Triunfo de la época. Claro, David Bisbal no podía faltar en el nuevo disco y tuvo claro desde el primer momento el tema que quería compartir junto al jiennense: Escándalo. Si les da por cantarlo en directo, les faltará escenario.

En definitiva, un adicto a los escenarios por el que no pasan las décadas. Lo sabe su mujer, Natalia Figueroa, que no duda en afirmar cuando se le pregunta que "el escenario es para él como una droga".

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