El paro se dispara entre los jóvenes con un incremento del 46% este año

  • Más de 30.000 menores de 25 años se suman al registro de desempleados en tan sólo 11 meses · Uno de cada cuatro parados de este colectivo es andaluz · Los sindicatos recuerdan: "Ya lo avisamos"

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El desempleo juvenil sube como la espuma. La crisis atina con mayor puntería al apuntar contra los colectivos desfavorecidos y, en la incorporación al mercado de trabajo, los jóvenes son población diana. Desde que comenzase 2008, las cifra de menores de 25 años registrados en las oficinas de demanda de empleo se ha incrementado un 46,7%. De los 65.215 en enero hasta los 95.699 en noviembre, últimos datos aportados por el Ministerio de Trabajo e Inmigración.

La velocidad de crucero de jóvenes que demandan un trabajo supera el incremento del paro registrado en el resto de edades durante este periodo, un 30,7%. Y una curiosidad: el aumento del desempleo en este sector de la población en Andalucía coincide con la media nacional, aunque si se analiza en términos relativos es inferior a otras comunidades con similar población como Cataluña (57,2%), Madrid (55,8%) o la Comunidad Valenciana (50,9%).

Andalucía, con más de un millón de jóvenes de entre 16 y 24 años, es la comunidad con mayor población juvenil y esto favorece que, de los demandantes de empleo a nivel nacional, uno de cada cuatro sea andaluz. Entonces, ¿es grave el problema del desempleo juvenil en Andalucía o se explica por su volumen de población?

Según la Encuesta de Población Activa (EPA) del tercer trimestre de 2008, la tasa de paro juvenil es la más alta entre las comunidades, un 30,75% (6,4 punto más que el pasado año), recuperando el nivel de 2004 pero, paradójicamente, la participación de los jóvenes en la ocupación de Andalucía es la más elevada, en torno a un 11%.

"Tenemos muchos jóvenes, muchos ocupados y otros muchos parados", explica Roberto Marín, secretario de Análisis Económico de UGT, que ejemplifica: "entran muchos como población activa en el mercado de trabajo, pero como ahora mismo se está destruyendo empleo más que creando, son más los que entran en paro que los ocupados".

Los sindicatos prefieren la lectura de la encuesta trimestral de la EPA que hace el INE (Instituto nacional de Estadística), a los datos del paro registrado en las oficinas del Servicio Andaluz de Empleo (o del Inem). En estos últimos no se consideran parados a quienes asisten a cursos de formación, exponen.

"Andalucía ha presumido de tener a jóvenes preparados y con trabajo en tiempos de bonanza económica y, ahora, aumentan las listas del paro; es la pescadilla que se muerde la cola", continúa Marín. La crisis, confirma, afecta en mayor medida a los jóvenes en el acceso a un empleo y casi todos los rasgos que la caracterizan influyen sobre ellos. Por ejemplo, la caída en la construcción, que llamó con cantos de sirena a estudiantes desmotivados con ganas de dinero. En Almería o Granada, la mayoría de los jóvenes parados proceden del tajo, mientras que en Jaén, Málaga y Sevilla estaban ocupados en el sector servicios y en Cádiz, Huelva y Córdoba son mayoría los que no han tenido un empleo anterior.

En la cifra de desempleados, hay una figura "invisibilizada" que no sale en las estadísticas, los becarios o personal en prácticas, aporta Nuria López, responsable de Juventud de CCOO, sindicato que va a comenzar un campaña informativa para denunciar este "empleo encubierto". López coincide en la lectura de que los jóvenes son la "cabeza de turco" de la crisis y apunta que desde 1997 advertían de que el boom del empleo rápido, temporal y de baja cualificación, llegaría un día a su fin.

"De cada cien contratos a jóvenes, 97 eran temporales y con un 20 o 25% menos de sueldo", denuncia. CCOO aboga por un cambio del modelo productivo, centrado en la innovación y no tan dependiente de la construcción y los servicios. "En época de bonanza no se hizo y ahora muchas empresas se excusan en la crisis para despedir o no renovar; a ellos ni siquiera les llega los ERE (Expedientes de Regulación de Empleo)". No han cotizado lo suficiente y las necesidades se disparan. Y emergen, de nuevo, las colas de demandantes en las oficinas del paro.

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