"Han empleado conmigo la vieja técnica de patologizar al contrario"

  • Ocupa un controvertido lugar en la esfera pública desde que denunció al poeta García Montero por injurias · El juez le dio la razón y él asegura que nunca buscó notoriedad

Comparte departamento en la Facultad de Filosofía y Letras de Granada con el poeta Luis García Montero, a quien denunció por injurias y ganó en los tribunales. Se define como "comunista libertario" y dice que, a sus 59 años, está preparado para escribir libros que quedarán como referentes obligados del conocimiento histórico literario.

-¿En qué momento y por qué decidió llevar a los tribunales un enfrentamiento reducido al ámbito literario?

-No hubo enfrentamiento ninguno. El 26 de septiembre de 2006, en una reunión de departamento, cuando García Montero inopinadamente se hartó de insultar al profesor Ortega para continuar insultándome a mí, me mantuve con la boca cerrada. Sólo le dije que si tenía alguna idea que debatir conmigo, lo hiciera, pero se regodeó en burlarse e insultarme más. A la semana, en una entrevista en prensa me llamó tonto sin nombrarme y a las tres semanas publicó en su columna de El País el inolvidable artículo "Lorca era un fascista". ¿Quién saca las cuestiones del ámbito académico?

-¿Qué había pasado antes?

-¡Nada! En mis clases no hablo para nada de la poesía de este señor, que no interesa, y los comentarios que se hacían eran los corrientes en reuniones de este tipo. Llevaban horas dándole vueltas a la incompatibilidad de García Montero con el Premio Lorca...

-Tras esa reunión, Luis pidió perdón por escrito, ¿no?

-No. Tras aquella salida suya a lo público, un grupo de compañeros pidió un consejo de departamento para redactar las actas del 26. Y ahí se le incluyó un pliego de 'justificaciones', pidió disculpas de forma colectiva a los profesores y personalmente a Pepe Ortega, quien las rechazó. A mí nunca.

-¿No se dio por aludido?

-De la violencia verbal primera había pasado a la violencia ideológica sistemática, con una táctica obsesiva por provocarme, incluso en esas 'justificaciones'. Pero el silencio ha sido mi respuesta. No he hablado hasta ahora, cuando la sentencia es firme. ¡Y mira que me atacaron! Ponían en marcha una táctica de destrucción que es la misma que han seguido usando en el manifiesto, no de apoyo a García Montero, sino contra Fortes.

-¿A qué técnica se refiere?

-Se trata de patologizar al enemigo, al contrario, que es un demente, borracho, loco, enfermo, perturbado, tonto... Para, al fin, criminalizarlo. La táctica es vieja y entra en la estrategia contrarrevolucionaria burguesa organizada en la historia intelectual en Francia y luego en España, desde mediados del XIX.

-Entonces, ¿es falso que usted dijera en clase que Ayala, por ejemplo, es un fascista?

-¡Pero si soy uno de los que mejor conoce su obra! Y mis estudios están recogidos en publicaciones universitarias. Profesores, pero de verdad, no han censurado mis textos. Y ahora esta caterva de gente soez entra a saco en mis escritos, fusilándolos para ver si digo lo que ellos quieren que diga.

-Hablemos de sus ideas.

-Para mí hay un principio elemental: entender la literatura a partir de los textos escritos y publicados. No soy partidario de manejar la biografía o las patologías. En el caso de Lorca, el uso de la idiosincrasia para explicar la obra es tremebunda, porque es el más sensible, el poeta elegido, el único que es único, con todo el duende y la gracia...

-Pero, ¿no podría esta teoría suya resultar reduccionista?

-Todo lo contrario.

-¿Cuál es su concepto entonces de la literatura?

-Los discursos literarios son el resultado sectorial de un proceso de producción de ideología que en la historia lo ha podido organizar la burguesía. En su primera fase, cuenta con el trabajo por escrito de un sujeto de clase, el escritor, de origen y formación burguesa y por tanto de ideología o concepción del mundo adecuada a su clase. Este primer trabajo ideológico es consciente e inconsciente a la vez.

-Y luego llega el editor...

-Interviene en una segunda fase. Invierte capital en forma de dinero y también capital ideológico. En una tercera fase aparece el lector, que compra y después lee, se deja ideologizar por la visión del mundo del escritor y editor. Pero la función ideológica de clase de la literatura se quiebra al aparecer sujetos que no tienen procedencia burguesa: proletarios que han aprendido a leer y escribir o miembros de la nueva burguesía del capitalismo de monopolios. -Hablando de dinero.... Se dice que usted ha mandado a su alumnos investigar las cuentas de García Montero. ¿Es cierto?

-No, nunca. Ejerzo un derecho ciudadano, saber en qué se gastan mis impuestos, los dineros públicos invertidos en cultura pública por un organismo público. Y por otra parte, en la asignatura que imparto, Sociología de la literatura española, como trabajo de campo mandé a los alumnos a investigar casos concretos en Granada de lo que en Francia se llama 'cultura de Estado' o sencillamente 'cultura subvencionada' con los dineros públicos. ¿Dónde está lo extraño, la alarma?

-Se ha dicho que ha usado investigaciones de sus alumnos.

-Eso ya se vuelve una obsesión en mis enemigos intelectuales.

-¿Se siente a gusto en la Universidad de Granada?

-Sí y no habría podido encontrar un lugar de trabajo como el que me ha dado. Es imposible. ¡Y lo que me queda!

-¿Le han respaldado en su enfrentamiento con García Montero?

-Sí. Magníficos profesores que no se han dejado seducir por la ceremonia de la confusión, sino que han visto los hechos y las razones frente a la manipulación y el falseamiento. La Universidad de Granada permite y necesita, sólo en momentos puntuales, esta caza de brujas. Pero no la Universidad, sino ciertos representantes de un pensamiento único, dictatorial o amarillista . No soy un niñato, ni un pirado. Pero sí digo cosas molestas, que no gustan ni entran dentro de la historia oficial.

-¿Entra dentro de la lucha de clases su enfrentamiento?

-Claro, ya te digo que nada escapa a la lucha de clases. Y en este caso se trata de un enfrentamiento de pensamiento intelectual que atañe a posiciones de izquierda y no un enfrentamiento personal, ni tampoco académico ni literario. Es un acontecimiento histórico que ha puesto al descubierto ciertas actitudes de la falsa izquierda que, para sus objetivos de infiltración y falseamiento, han echado mano de armas de destrucción masiva como si fuésemos fundamentalistas o terroristas. Los intelectuales de izquierda no somos mercancía ni espectáculo, no recibimos prebendas ni canonjías de los poderes de clase, no conducimos programas de televisión ni somos contertulios dedicados al escamoteo de las razones reales de la vida bajo el capitalismo con una verborrea de chamarileros, por lo que se cobran buenos dineros y fama social. -¿Usted cree que por eso, aunque haya ganado en los tribunales, ha perdido moralmente?

-No, qué va. Los moralismos siguen siendo una vieja trampa muy útil para cazar incautos.

-¿Se siente frustrado por no haber alcanzado notoriedad?

-No. Soy feliz. Nunca he buscado la fama o la notoriedad. La madurez intelectual no se consigue en las relaciones públicas, en los escaparates o en los espectáculos culturales, sino en el trabajo. No envidio a nadie, no estoy frustrado. Me siento en el mejor momento de mi vida.

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