Caso mari luz Los expertos niegan que el acusado de la muerte de la niña sufra retraso mental

Manipulador de manual y pederasta sarcástico

  • El Instituto de Medicina Legal de Granada concluye que Santiago del Valle se presenta como víctima para justificar los abusos a menores y cobrar una pensión

Comentarios 3

Aparece cabizbajo y con la mirada esquiva cada vez que, en los últimos meses, ha tenido que rendir cuentas con la Justicia por su largo historial de abusos sexuales a menores. Quizá el presunto asesino de la pequeña Mari Luz Cortés, el pederasta Santiago del Valle, trate de perfeccionar el papel de víctima que ha ido representando a lo largo de su vida. Aunque en ocasiones lo consiguió, no ha logrado engañar a los expertos del Instituto de Medicina Legal (IML) de Granada que lo han examinado en la prisión de Albolote, donde permanece internado desde abril, pocos días después de su detención como presunto autor de la muerte de la niña de Huelva.

El retrato psicológico de Del Valle es el de un pederasta sarcástico y un manipulador de manual con un despego social extremo. De hecho, el informe del IML granadino, según ha podido constatar este diario, destaca su frialdad emocional en relación con el crimen de Mari Luz y el peso que en su comportamiento tiene la actitud "de víctima" que ha tomado desde siempre. También respecto a la muerte de la niña.

Del rosario de calificativos que los forenses emplean para definir al pederasta, el aspecto que más llama la atención es su táctica para manejar la enfermedad mental que supuestamente padece. De hecho, subrayan en más de una ocasión la "conducta manipuladora de su enfermedad" que utiliza a conciencia en dos direcciones. Una, como instrumento "con fines rentistas" (para cobrar la pensión no contributiva de la que vive desde 1995) y dos, para excusar sus acciones delictivas.

Con un nivel intelectual medio, ha sabido manejarse para pasar de trabajar limpiando escaleras en la década de los ochenta a cobrar de las arcas públicas, primero del fondo de asistencia social y, después, de una pensión no contributiva otorgada tras serle diagnosticado un trastorno piscótico, psicosis maníacodepresiva con rasgos paranoides de personalidad y esquizofrenia paranoide.

En cualquier caso, según los expertos, no tiene sus capacidades sobre su voluntad ni cognitivas alteradas, no padece ningún retraso mental y llegan a afirmar que el grado de repercusión de su trastorno en su capacidad para tener un adecuado juicio de la realidad es bajo.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios