La Junta alerta del fuerte impacto del cambio climático en el sector turístico

  • El aumento de las olas de calor, la regresión de la costa y la sequía obligan a una reconversión de la primera industria andaluza · La agricultura tendrá que modificar sus cultivos y enfrentarse a nuevas plagas

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El turismo, uno de los pilares sobre los que se asienta la economía andaluza -11% del PIB regional-, tendrá que emprender pronto el camino de su reconversión. Su dependencia de las temperaturas y las precipitaciones le hace especialmente vulnerable ante los efectos previstos en Andalucía por el cambio climático. La Consejería de Medio Ambiente, en su Informe de 2007, que fue ayer presentado por su titular, Cinta Castillo, ya tiene detectados los muchos perjuicios y pocos beneficios, y ante los "importantes impactos" plantea una batería de actuaciones para, si no corregir, al menos minimizarlos.

Según los datos recogidos en este documento, el mapa climático no es nada halagüeño. Andalucía experimentará un notable incremento de la temperatura en las zonas de interior de hasta 4 grados de aquí a 2050, siendo especialmente sensibles las zonas del noreste -la Sierra de Cazorla podría registrar a final de siglo entre 6 y 8 grados más.

En el caso de las precipitaciones, la cosa no irá mejor. Aunque en el primer tercio de siglo habrá un incremento medio de las precipitaciones en torno al 3%, y de hasta el 20% en las zonas costeras del Mediterráneo, Sierras Béticas y Sierra Morena, éstas serán insuficientes. A más calor más evaporación y, además, serán lluvias torrenciales. Su traducción: menos calidad y cantidad de los recursos hídricos -sobre todo, en la cuenca del Guadalquivir- por largos periodos de estiaje, lo que convertirá en temporales algunos ríos que actualmente son permanentes.

Un último elemento es el aumento del nivel del mar - entre 15 y 20 centímetros en la zona mediterránea y 5 ó 10 en la atlántica-, que supondrá la regresión de la línea de costa entre 7 y 12 metros.

Con estos datos, es el turismo de sol y playa el que a más riesgos está expuesto. Al retroceso de las playas y el aumento de las olas de calor, se suma el déficit hídrico. Las zonas costeras concentran una importante demanda de agua en épocas en las que precisamente esta escasea y, además, es limitada la capacidad de almacenamiento y suministro. Esta realidad, según la Consejería, coloca en una situación "grave" a la costa atlántica de Cádiz, la costa oriental de Málaga y la franja litoral de Almería-Cabo de Gata. Ante este panorama, el turismo nacional preferirá veranear en el norte del país, y se quedarán en sus países muchos vecinos europeos.

Tampoco permanecerán inmunes a las altas temperaturas en el interior. El turismo rural en las sierras del norte de Córdoba y Jaén, Huelva y Cádiz, y el parque natural de Cazorla y Segura limitarán su estacionalidad al invierno, y la más perjudicada será Sierra Nevada, que tendrá poca nieve y de mala calidad. En Córdoba y Sevilla, Úbeda o Baeza el calor ahuyentará a los turistas, algo de lo que podrá librarse Granada, con temperaturas algo más bajas, aunque las previsiones es que más de 20 días al mes superarán los 37,5 grados.

Ante esta perspectiva, la Consejería apunta ya sus propuestas "útiles" para la adaptación del sector y que pasan por corregir el deterioro de los destinos de sol y playa, estudios sobre el retroceso del litoral y la adecuación de las infraestructuras, modificación del producto turístico al visitante europeo, adaptación de las ciudades monumentales y planes para adecuar los espacios de alta montaña.

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