Alta política con alzacuellos

  • El recién nombrado miembro de la Curia vaticana ya demostró durante sus cinco años como arzobispo de Granada que su éxito se fragua en el equilibrio entre la dureza de convicciones y el encanto personal

"Si no fuera por el cuellecillo ése que llevas, menudo peligro tendrías en política". Antonio Cañizares Llovera, cardenal primado de España y ministro de la Santa Sede, encajó estas palabras de su interlocutor con la mejor de sus sonrisas. Es ésta, su sonrisa, la que describen como el secreto de su éxito, un arma extraordinaria que emplea en el cuerpo a cuerpo y en el ejercicio de la diplomacia.

Este hombre que pasó cinco años en Granada como arzobispo, desde 1997 a 2002, se ha convertido en los últimos años en uno de los personajes españoles más relevantes, tanto por su poder real como por su apego a la actualidad política y social. Ahora acaba de ser nombrado por el Papa Benedicto XVI prefecto de la Congregación para el Culto Divino y Disciplina de los Sacramentos, un encargo de relevancia excepcional en estos tiempos en que el Pontífice pretende cuidar al máximo la liturgia y los ceremoniales de la Iglesia. Pero no es la primera vez que resulta elegido por Joseph Ratzinger. En 1995 ya fue designado miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe cuando el actual Pontífice presidía este órgano. Desde entonces ambos mantienen una buena relación.

El que se ha posicionado estos últimos años como el principal defensor del catolicismo más conservador en España tiene su punto fuerte en el trato personal. Mirada chispeante, una sonrisa cariñosa y gran capacidad para escuchar. Lo dicen algunos de los que han sido sus colaboradores más cercanos, pero también personas de posiciones ideológicas enfrentadas y creencias muy distintas.

El ex alcalde socialista de Granada José Moratalla y actual presidente del Consejo de Radio Televisión Andaluza, fue el autor de esas palabras iniciales sobre el alzacuellos y el potencial político de Cañizares, por entonces responsable de la Archidiócesis de Granada (que también aglutina a Málaga, Almería, Guadix, Jaén y Murcia). El antiguo regidor reconoce que Cañizares es un hombre inflexible en sus posiciones morales, ideológicas y religiosas. Y así lo expresa siempre. Pero ambos fueron buenos amigos.

A ello contribuyó el carácter afable y cercano de ambos, algo que al principio impresionó a Moratalla durante la sorprendente primera visita a la sede de los socialistas del que era reciente arzobispo en 1996. "Se presentó solo, me pidió que le llamara Antonio, a secas, y a los pocos minutos de conversación supe que era un hombre excepcional", recuerda el antiguo alcalde.

Ese aire jovial, su aspecto menudo y la capacidad de seducción en el tú a tú forman el contrapunto a sus fuertes aseveraciones y a sus posiciones ideológicas. Dicen que cuando tiene que ser duro baja la barbilla, deja deslizar por la nariz sus gafas sólo un tanto y mira por encima de ellas a su interlocutor. Pero a la vez siempre sonríe. Es su cara y su cruz. Cariñoso pero firme, locuaz pero sentenciador, diplomático pero muy claro en sus posiciones...

En lo que todo el mundo coincide es en su gran inteligencia y su capacidad de trabajo. Uno de sus antiguos colaboradores más cercanos asegura que Cañizares no necesita más de 4 horas de sueño diarias. El resto del tiempo, trabaja y reza. Y cultiva el don de la ubicuidad. En sus años en tierras andaluzas fue muy popular por su asistencia a todo tipo de actos políticos, institucionales, sociales y, por supuesto, religiosos. También era muy común verlo en los restaurantes de más rancio abolengo de la ciudad degustando su plato preferido: el chuletón de Ávila. Dicen que sus achaques de salud le obligan ahora a realizar comidas más frugales, más acordes con su físico.

A esa popularidad también contribuyó el tiempo dedicado a recibir y hablar con todo tipo de gente. Es un gran escuchador y reservaba varias horas al día para atender visitas o realizarlas él mismo.

Cuando Moratalla bromeaba con él sobre su "peligro" político tenía razones para hacerlo. Ya entonces había demostrado que, pese a sus posiciones férreas en algunas cuestiones, era de talante negociador, lo que propició muchos acuerdos con entidades y administraciones. Y fruto de todo esto fue su fluida relación con la entonces consejera de Cultura Carmen Calvo y, sobre todo, con el ex presidente de Cajasur Antonio Castillejo. De ambos consiguió muchos fondos destinados a la restauración del patrimonio y obras de arte.

Era conocida su afinidad con el responsable de la entidad ahorrista, incluso cuando se hicieron públicas las graves diferencias de éste con el obispo de Córdoba, Javier Martínez, que luego sería el sucesor de Cañizares en Granada, cuando él partió para Toledo en 2002.

Durante sus años en Granada también cultivó otras amistades como la de Luis Portero, el ex fiscal jefe de Andalucía que fue asesinado por ETA; la del socialista que presidió la Diputación Provincial José Rodríguez Tabasco, o la del jesuita Cándido Pozo. José Bono y Ángel Acebes también se cuentan entre las personas de la vida política con las que mantiene una fluida relación. El variopinto ramillete de amigos es una demostración de ese carácter un tanto seductor que despliega en la intimidad de una conversación o delante de una buena mesa. El verbo y la sonrisa de la alta política.

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